Lc-9 11b-17
La fiesta del Cuerpo y la Sangre de Cristo la celebramos siempre al término de Pascua, a continuación de Pentecostés y Santísima Trinidad.

Es un momento especial en una ruta que comenzamos tiempo atrás, en Cuaresma, y que tiene como momento cumbre la Semana Santa. Entonces celebramos el jueves santo, reviviendo la última Cena de Jesús con sus discípulos, anticipadora de su entrega en la cruz, que habría de tener lugar al día siguiente.

Hoy, más de dos meses después del jueves santo, retomamos el tema eucarístico. Ponemos en primer plano que ese pan y vino consagrados, que remiten al don que hizo Jesús de su vida en la cruz, son también una forma especial de hacerse presente entre nosotros, de su promesa de acompañarnos hasta el fin del mundo y de la fortaleza que nos comunica para el camino.

Si el jueves santo nos asegura que la cruz no fue un “accidente”, sino una entrega consciente y voluntaria, con la que nos identifcamos por medio de la eucaristía, esta festa del Corpus la vivimos como un banquete para los caminantes en la fe. Las difcultades del camino cotidiano tienden a aislarnos y a hacernos sentir desamparados. Pero el encuentro con Jesús en la eucaristía, en su Cuerpo y Sangre, viene a fortalecernos en la fe y a renovar la alegría de estar en compañía.

No se puede hacer camino sin beber y comer. La eucaristía nos fortalece para entregarnos como lo hizo y lo hace el Señor. Su presencia entre nosotros nos reconforta, viendo que Él, que está fuera de nuestro alcance, se nos vuelve cercanía y presencia íntima. En el misterio y discreción de la eucaristía y la comunión se nos revela una presencia capaz de transformar nuestra debilidad en fortaleza y nuestra soledad en compañía.

Recibir a Jesús en la comunión o acercarse a Él en el espacio de una visita al sagrario, es siempre un momento de diálogo profundo, que nos asegura que podemos apoyarnos en Él, aun cuando lleguemos a su presencia arrastrando los pies y el corazón. Allí, vienen a la memoria los demás, aquellos que más necesitan de nuestra intercesión o quizás de nuestro perdón y comprensión. La compañia del Señor nos enseña a acompañarlos y nos relanza a la misión.


EL SEÑOR SACRAMENTADO
    (Gn 14,18-20)
Sus dones ha presentado
Melquisedec al Señor,
para implorar su favor
con sacrifcio sagrado.
Estaba prefgurado
en ese pan y ese vino
el Sacramento divino
de Cristo en la última Cena,
que nos alivia en la pena
y da fuerza en el camino.


Yo creo que está presente
el Señor Sacramentado
en este Pan consagrado
que recibo reverente.
Misterio para el creyente,
gracia sobrenatural,
es la Presencia real
de Cristo en la Eucaristía,
una fuente de alegría
y de vida espiritual.

Hno. Jesús Bayo, fms

Ora con la Palabra

 

Domingo 31 de mayo: Solemnidad de Pentecostés

 

Jn 20,19-23

“...sopló sobre ellos y les dijo: Reciban el Espíritu Santo...”.

Lunes: Santa María, Madre la Iglesia
 
Hch 1,12-14 / Interl. Jdt 13,18bcde.19 / Jn 19,25-27

“..ánimo, yo he vencido al mundo”.

Martes:  2 P 3,12-15a. 17-18 / Sal 90 (89) / Mc 12,13-17

“...a Dios, lo que corresponde a Dios”.

Miércoles:  2 Tim 1,1-3.6-12 / Sal 123 (122) / Mc 12,18-27

“...no es un Dios de muertos, sino de vivos”.

Jueves: Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote 
Gn 14,18-20 / Sal 110 (109,1.2.3.4) /1 Co 11,23-26 / Lc 9,11b-17

“Todos comieron hasta saciarse”.

Viernes:  2 Tim 3,10-17 / Sal 119 (118) / Mc 12,35-37

“Mucha gente acudía a Jesús...”.

Sábado:  2 Tm 4,1-8 / Sal 71 (70) / Mc 12,38-44

“...no tenía más, y dio todos sus recursos”.

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