Jn-20 19-233
Después de aquel día sorpresivo de la Pascua, en que nos enteramos de que la muerte no había podido retener a Jesús, recorrimos siete semanas con la alegría de la resurrección en nuestros corazones. Hoy recordamos aquel día en que los discípulos sintieron que se cumplía la promesa de enviar al Espíritu Santo para recordarles lo enseñado por Jesús.

El evangelio nos lleva a aquel domingo del año 33 y nos pone delante de Jesús en medio de quienes lo  habían negado y abandonado. Él solo tiene paz para ellos. Se lo repite para que se convenzan de que su corazón no alberga quejas ni reclamos, solo amor. De heridas, tan solo unas lla
gas recubiertas de gloria y de alegría.

Entre aquellas paredes habitadas por la cohesión que da el miedo, no solo se ha bla de paz; también se escucha una voz de envío. Como Jesús fue enviado, así los envía a ellos. Lo que el Padre quiso para su Hijo, ahora este lo quiere para ellos. Del apretujamiento temeroso pasan ahora a la gozosa dispersión de anunciar al mundo que Jesús ha resucitado y que es posible construir una paz duradera.

Por último, les entrega el Espíritu Santo. Puesta por Jesús en manos del Espíritu, nace la Iglesia para ser conducida por este a través de la historia como agente de paz y reconciliación.

Han pasado casi 20 siglos y aún no vi vimos de aquella entrega del Espíritu. Olvidamos el don de la paz que se nos confó y tomamos parte en contiendas, como cualquier hijo de vecino. Entramos en guerras de religión para aniquilar al otro o aclarar quién va primero, como los apóstoles antes de la Pasión. Dejamos que la división fragmente nuestros hogares y debilite nuestras comunidades. Entregamos el timón a instancias que aspiran al predominio, que maniobran con decretos e imposiciones,en lugar del diálogo.

La fiesta de Pentecostés nos pone ante un nuevo arranque de ese tiempo que llamamos "común" u "ordinario". Dios nos insiste que tengamos la iniciativa, inspirados por el Espíritu, de construir un hogar, una comunidad, un país, un mundo basado en la paz y el diálogo. Activemos esa capacidad de comunión en este planeta y de animarlo con el soplo del Espíritu. Tenemos el envío: "Como el Padre me ha enviado, así también los envío yo." No necesitamos más. Pongámonos en camino.


   PENTECOSTÉS
    (Hch 2, 1-11)
Después de cincuenta días
termina el tiempo pascual
con el gozo espiritual
desplegado en poesías.
Abundantes alegrías
nos da el Espíritu Santo:
Él consuela nuestro llanto,
es el maestro divino,
compañero de camino,
apoyo en nuestro quebranto.


A los pueblos y naciones
la verdad ha revelado,
es defensor abogado
y nos regala sus dones.
Enciende los corazones
de los feles con su fuego;
la noche alumbra del ciego,
con sus aguas purifca,
nuestras almas vivifca,
escucha el humilde ruego…

Hno. Jesús Bayo, fms

Ora con la Palabra

 

Domingo 31 de mayo: Solemnidad de Pentecostés

 

Jn 20,19-23

“...sopló sobre ellos y les dijo: Reciban el Espíritu Santo...”.

Lunes: Santa María, Madre la Iglesia
 
Hch 1,12-14 / Interl. Jdt 13,18bcde.19 / Jn 19,25-27

“..ánimo, yo he vencido al mundo”.

Martes:  2 P 3,12-15a. 17-18 / Sal 90 (89) / Mc 12,13-17

“...a Dios, lo que corresponde a Dios”.

Miércoles:  2 Tim 1,1-3.6-12 / Sal 123 (122) / Mc 12,18-27

“...no es un Dios de muertos, sino de vivos”.

Jueves: Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote 
Gn 14,18-20 / Sal 110 (109,1.2.3.4) /1 Co 11,23-26 / Lc 9,11b-17

“Todos comieron hasta saciarse”.

Viernes:  2 Tim 3,10-17 / Sal 119 (118) / Mc 12,35-37

“Mucha gente acudía a Jesús...”.

Sábado:  2 Tm 4,1-8 / Sal 71 (70) / Mc 12,38-44

“...no tenía más, y dio todos sus recursos”.

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