Lc-9 51-62
Para Jesús, subir de Galilea a Jerusalén implica hacer presente allí el mensaje del Reino de Dios que ha estado anunciando con éxito entre la gente sencilla. Ahora debe hacerlo frente al poder religioso y político de Israel y de Roma, que lo llevará a la muerte. El Evangelio de Lucas nos dice que Jesús emprendió decidido ese viaje, consciente de los riesgos y conflictos que le podía traer.

De hecho, los mensajeros que envía para prepararle alojamiento no son recibidos por los samaritanos, porque se dirigían a Jerusalén. Entre samaritanos y judíos existía una enemistad que Jesús no permitirá agudizar con la reacción propuesta por los propios mensajeros enviados delante de Él.

Mientras van de camino, hay quienes quisieran seguirlo, pero Jesús les hace comprender la radicalidad que conlleva ese seguimiento: ‘no tendrán donde recostar su cabeza; una vez puesta la mano en el arado, no hay que mirar atrás’. Jesús no nos oculta las difcultades que supone su seguimiento: “El que quiera seguirme, niéguese a sí mismo, cargue con su cruz y me siga” (Marcos 8, 34). A menudo todos tenemos excusas para evadir esa radicalidad. Aceptar con generosidad las invitaciones a seguirlo que nos hace Jesús durante toda nuestra vida es un regalo de su misericordia que necesitamos pedir y abrirnos a recibir.

En los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola, al comenzar a contemplar y comprender la vida de Jesús, se nos presenta una meditación sobre la llamada que nos hace a colaborar con Él en hacer verdad el Reino de Dios en medio de nuestro mundo. Nos dice: “…quien quiere venir conmigo, ha de trabajar conmigo, porque siguiéndome en la pena, también me siga en la gloria.” (Ejercicios Espirituales, 95).

“Trabajar conmigo”. Jesús nos advierte que trabajar en este mundo nuestro, formando equipo con Él para hacer verdad su Reino, conlleva penas y gloria. Una respuesta generosa de nuestra parte a esta invitación es ya un don, una gracia que debemos pedir con humildad, reconociendo nuestras limitaciones; pero confando en quien nos llama e invita, que sabe de qué barro estamos hechos.

La respuesta de San Ignacio ante esta invitación reconoce que solamente se puede ser radical, “…queriéndome vuestra santísima majestad elegir y recibir en tal vida y estado.” (EE, 98)


 PROFETA ELISEO
(1R 19, 16.19-21)
A Elías dijo el Señor:
Unge a Eliseo profeta,
que ese creyente y asceta
será tu fel sucesor.
Recibió así el gran favor
de ser por Dios elegido.
Elías le dio vestido
y extendió encima su manto;
por el Espíritu Santo
vivió siempre bendecido.


El Señor es la heredad
de todo aquel consagrado
que deja campo y arado
por cumplir su Voluntad.
Dios dará prosperidad
al que vive en su presencia,
con pureza de conciencia,
y se pone a su servicio
para cumplir ese ofcio
de cultivar la paciencia.

Hno. Jesús Bayo, fms

Ora con la Palabra

 

Domingo 15 de septiembre: XXIV del Tiempo Ordinario

 

Lc 15,1-32

“...estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido encontrado”

Lunes: 1 Tim 2,1-8 / Sal 28 (27) / Lc 7,1-10

“...ni siquiera en Israel he hallado una fe tan grande”.

Martes:  1 Tim 3,1-13 / Sal 101 (100) / Lc 7,11-17

“...Es un gran profeta el que nos ha llegado”.

Miércoles:  1 Tim 3,14-16 / Sal 111 (110) / Lc 7,31-35

“...la reconocen en su manera de actuar”.

Jueves:  1 Tim 4,12-16 / Sal 111 (110) / Lc 7,36-50

“...Tu fe te ha salvado, vete en paz”.

Viernes:  1 Tim 6,2c-12 / Sal 49 (48) / Lc 8,1-13

“...ustedes tienen oídos para oír”.

Sábado: Ef 4,1-7.11-13 / Sal 19 (18) / Mt 9,9-13

“...Me gusta la misericordia más que las ofrendas”.

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