Jn-14 23-29
El evangelio de hoy pertenece al conjunto de los capítulos 13 al 17 de Juan. Jesús ha reunido a sus discípulos para la última cena e intenta poner paz en sus corazones, inquietos por la apariencia que van tomando las cosas. Confundidos, necesitan una carta de ruta para lo venidero: Jesús ha llegado a “su hora” - su pasión y muerte -, que es también aquella en que deba cumplirse su esperanza en la resurrección. ¿Cómo pasarán los discípulos por esas circunstancias viendo caminar al Maestro hacia lo que verían como su fin?

El texto quiere reflejar lo que el apóstol Juan vivió en aquella última cena, recuerdos iluminados por la resurrección de Cristo. Jesús se esfuerza por comunicarles la paz, la de su presencia en ellos. En situaciones nuevas y difíciles, llevarán una vida de discípulos si guardan las palabras que Él les ha entregado. La fidelidad a esas palabras, una fdelidad dilatada, capaz de permanecer en el tiempo y en medio de vicisitudes e imprevistos, es lo propio del discípulo.

La presencia de Jesús en el creyente es igualmente la presencia de su Padre. Quien tiene al Hijo, tiene al Padre y viceversa. En lo adelante, Dios mora en la persona, más que en el templo. El creyente es el nuevo templo de Dios, así como Jesús lo es para el discípulo. A Dios hay que buscarlo y encontrarlo en la profundidad humana.

Hasta su pasión y muerte, Jesús ha sido para sus discípulos el Maestro. Fueron constituidos apóstoles por haber sido testigos de su vida desde su bautismo hasta su muerte y resurrección. Ahora Jesús entrega al Espíritu Santo la misión de enseñar a sus discípulos, de acompañarlos en el camino de la Iglesia naciente. Les anuncia el don del Espíritu, quien les irá recordando todo lo de Él y les señalará, mediante un discernimiento apostólico, si sus decisiones y acciones del presente tienen correspondencia con las palabras y hechos del Maestro.

Por último, los apóstoles son invitados a reconocer a Jesús presente en sus vidas, pero de otra manera. En adelante, percibirán su presencia como resucitado; no bajo los rasgos del Jesús anterior a la Pascua, sino como Aquel que ha vencido a la muerte y ahora, a través del Espíritu, entra libremente, sin las trabas del espacio, del tiempo y del sufrimiento, en comunión con cuantos se acerquen a beber de su misterio.


LIBERTAD SIN CARGAS
  (Hch 15,1-2.22-29)
La asamblea reunida
decidió no imponer cargas
ni normativas amargas
a la gente convertida.
La solución elegida,
por el concilio propuesta,
se les hizo manifesta
con el Espíritu Santo
que suscitó alegre canto
en la apostólica fiesta.


Las leyes y tradiciones
no desprecia de antemano
ningún creyente cristiano
que acepta contradicciones.
Libre y sin imposiciones
transita por su sendero;
se reconoce heredero
de quien es pura verdad
y le da la libertad
para ser su mensajero.

Hno. Jesús Bayo, fms

Ora con la Palabra

 

Domingo 11 de agosto: XIX del Tiempo Ordinario

 

Lc 12,32-48

“...donde está tu tesoro, allí estará también tu corazón”.

Lunes: Dt 10,12-22 / Sal 147 (146-147) / Mt 17,22-27

“...Entonces los hijos no pagan”.

Martes:  Dt 31,1-8 / Interlec. Dt 32,3-12 / Mt 18,1-5.10.12-14

“...ésta le dará más alegría...”.

Miércoles:  Dt 34,1-12 / Sal 66 (65) / Mt 18,15-20

“...allí estoy yo, en medio de ellos”.

Jueves: Solemnidad de la Asunción de la Virgen María
Ap 11,19a;12,1.3-6a.10ab / Sal 45 (44) / 1 Co 15,20-27a / Lc 1,39-56

“...iBendita tú eres entre las mujeres...”.

Viernes:  Js 24,1-13 / 136 (135) / Mt 19,3-12

“...lo que Dios ha unido, no lo separe el hombre”.

Sábado: Js 24,14-29 / Sal 16 (15) / Mt 19,13-15

“...no les impidan que vengan a mí...”.

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