Jn-21 1-19
A lo largo de este tiempo de Pascua, la Iglesia nos va invitando a contemplar las apariciones de Jesús a sus discípulos después de la Resurrección. En sus Ejercicios Espirituales, San Ignacio de Loyola nos propone un método de oración distinto a la meditación. La contemplación es una manera de orar donde empleamos facultades diferentes del razonamiento. Entran en juego nuestra imaginación y afectividad. Contemplar es pegar el corazón a la escena contemplada. Nos imaginamos presentes en el misterio de la vida de Jesús. No como espectadores, sino como actores y actrices. Con los ojos de la imaginación vemos a las personas actuando, escuchamos lo que dicen. Nos atrevemos a hablar con los personajes, dejamos que interactúen con nosotros.

No nos contentamos con lo exterior de la escena. Tratamos de adentrarnos en el corazón de las personas: ¿qué sienten? ¿qué se mueve en su interior?

En este evangelio queremos acercarnos principalmente a Pedro. En el desarrollo de esta aparición de Jesús, Pedro juega un papel destacado. Cuando habían terminado de comer, Jesús se dirige a Pedro: “Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que estos?” La pregunta encierra una comparación: “más que estos”. Pedro responde sin hacer comparación, “Sí, Señor, tú sabes que te quiero”. Si es así, Pedro, “apacienta mis corderos”.

Por segunda vez pregunta Jesús, “Simón, hijo de Juan, ¿me amas?”. Esta vez no hay comparación. Pedro responde lo mismo, “Sí, Señor, tú sabes que te quiero.” Entonces, “pastorea mis ovejas”.

Por tercera vez pregunta Jesús, “Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?”. Pedro se entristece. No puede ser casualidad que Jesús pregunte por tercera vez a quien negó tres veces conocerle.

Esta vez la respuesta de Pedro añade un elemento nuevo: “Señor, tú lo conoces todo”. Sabes que te quiero y sabes también lo frágil que es ese amor. De ahora en adelante no habrá más arrogancia por parte de Pedro (aunque todos te abandonen, yo no te abandonaré).

Ahora sí puede Pedro apacentar las ovejas de Jesús. Él también ha estado perdido. Ha pasado por la negación y el abandono del Maestro. En palabras del Papa Francisco, Pedro tiene ahora “olor a oveja”.

Jesús conoce todo lo que hay en nosotros. Nuestro amor es real y también nuestra fragilidad. Asumiendo las dos cosas, también nosotros podemos apacentar sus ovejas.


  SOMOS TESTIGOS
(Hch 5, 27-32.40-41)

De Cristo somos testigos,
y de su resurrección;
nos concedió su perdón,
y nos hizo sus amigos.
Liberados de castigos,
nos da su flial herencia,
y conocemos la ciencia
que enseña Nuestro Señor
como guía y salvador
que orienta nuestra conciencia.


Anunciamos la verdad
como cristianos creyentes,
porque marca nuestras frentes
la impronta de libertad.
Por la fe y la caridad
somos los hijos amados,
en Cristo estamos salvados,
y prestamos obediencia
solo al Padre de clemencia
por quien somos consolados.

Hno. Jesús Bayo, fms

Ora con la Palabra

 

Domingo 11 de agosto: XIX del Tiempo Ordinario

 

Lc 12,32-48

“...donde está tu tesoro, allí estará también tu corazón”.

Lunes: Dt 10,12-22 / Sal 147 (146-147) / Mt 17,22-27

“...Entonces los hijos no pagan”.

Martes:  Dt 31,1-8 / Interlec. Dt 32,3-12 / Mt 18,1-5.10.12-14

“...ésta le dará más alegría...”.

Miércoles:  Dt 34,1-12 / Sal 66 (65) / Mt 18,15-20

“...allí estoy yo, en medio de ellos”.

Jueves: Solemnidad de la Asunción de la Virgen María
Ap 11,19a;12,1.3-6a.10ab / Sal 45 (44) / 1 Co 15,20-27a / Lc 1,39-56

“...iBendita tú eres entre las mujeres...”.

Viernes:  Js 24,1-13 / 136 (135) / Mt 19,3-12

“...lo que Dios ha unido, no lo separe el hombre”.

Sábado: Js 24,14-29 / Sal 16 (15) / Mt 19,13-15

“...no les impidan que vengan a mí...”.

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