Jn-20 19-31Tras la alegría desbordante de la vigilia pascual y la mañana de la resurrección, el evangelio de hoy nos trae a la vida tal como se vuelve a veces: se hace de noche y, aun con las puertas cerradas, el miedo nos atenaza.

Pueden ser amenazas externas: un mundo que se ríe de la fe y se resigna a caminar como robot, sin razones ni esperanzas, o a lo conejo, brincando de un espejismo a otro. O ese estado de cosas tan nuestro, de no saber qué pasará, qué pared se caerá y nos dejará en la calle o qué trueno sobrevendrá de lo alto y nos aturdirá. Con el miedo y la oscuridad se recrudecen nuestras precariedades internas y nos endurecemos ante los otros para terminar por creer solo en lo que se pueda tocar, contar o permutar.

En la noche, Jesús aparece. Se presenta en la comunidad sin tristeza ni reproches. Entrega lo que lleva en su corazón de resucitado: “la paz esté con ustedes”. No es la paz del ingenuo, menos aún la del que se evade de la realidad con ritos vacíos. Nos ofrece la paz cierta de quien ha luchado con el mal y ha experimentado eldolor. Es el Cristo vencedor de la muerte y de la desesperanza; además de ofrecernos su paz, nos entrega el Espíritu que lo mueve y nos capacita para perdonar y así regenerar el mundo.

Tomás representa el rechazo visceral hacia las ilusiones, los autoengaños y las historias color de rosa. Ante la noticia de la resurreccióny la alegría de la comunidad, se encierra en el pragmatismo: no veo - no toco - no creo - no me alegro. Sacar a un ser humano de sus temores y de su hermetismo para entender el misterio a su alrededor, es tarea casi imposible. Solo lo logra el mismo Jesús resucitado, que con la oferta de su alegría y de su paz nos provoca a salir de nuestras cerrazones, tocando nuestras heridas con su misericordia para volverlas llagas pascuales, que hablan más de amor que de dolor.

Tomás siente en su diálogo con Jesús que el perdón que un día habrá de dar a otros, le toca a él vivirlo antes. En el cara a cara con el Señor y con su perdón, redescubre la alegría, la valentía de enfrentar al mundo y la paz de volver a ser parte de una comunidad de perdonados.

SIGNOS CRISTIANOS
     (Hch 5, 12-16)

Una inmensa multitud
con Pedro se reunía,
la gente enferma acudía
para obtener la salud.
Colmados de gratitud,
aquellos fieles cristianos
se ayudaban como hermanos
y anunciaban esta historia
de Jesús en cruz y en gloria
por salvar a los humanos.


Damos gracias al Señor
porque es misericordioso,
de corazón bondadoso
que perdura en el amor.
Los creyentes con fervor,
en la Iglesia reunidos,
estamos bien convencidos
de que está resucitado
el Cristo crucificado,
por quien somos redimidos.

Hno. Jesús Bayo, fms

Ora con la Palabra

 

Domingo 11 de agosto: XIX del Tiempo Ordinario

 

Lc 12,32-48

“...donde está tu tesoro, allí estará también tu corazón”.

Lunes: Dt 10,12-22 / Sal 147 (146-147) / Mt 17,22-27

“...Entonces los hijos no pagan”.

Martes:  Dt 31,1-8 / Interlec. Dt 32,3-12 / Mt 18,1-5.10.12-14

“...ésta le dará más alegría...”.

Miércoles:  Dt 34,1-12 / Sal 66 (65) / Mt 18,15-20

“...allí estoy yo, en medio de ellos”.

Jueves: Solemnidad de la Asunción de la Virgen María
Ap 11,19a;12,1.3-6a.10ab / Sal 45 (44) / 1 Co 15,20-27a / Lc 1,39-56

“...iBendita tú eres entre las mujeres...”.

Viernes:  Js 24,1-13 / 136 (135) / Mt 19,3-12

“...lo que Dios ha unido, no lo separe el hombre”.

Sábado: Js 24,14-29 / Sal 16 (15) / Mt 19,13-15

“...no les impidan que vengan a mí...”.

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