Lc22 14-23 56De la mano de Lucas y Juan nos hemos acercado en estos domingos a la misericordia de Jesús hacia el que sufre. Llegados al domingo de Ramos, entramos en Jerusalén y nos confundimos con el gentío que aclama a Jesús, mientras cubre su ruta con mantos y ramos. Sus corazones y mentes están febriles, deseosos de que se revele por fin el esperado Mesías, guerrero victorioso. Jesús, en cambio, va entre la multitud montado en un burrito prestado. A cada grito, se afianza en su mansedumbre, su no-violencia y su humildad, movido por un designio de paz y una voluntad profunda de hacer crecer la comunión entre todos, superando el odio y la injusticia. Ante las expectativas sociopolíticas de las gentes, que no comparte, Jesús mantiene el respeto a lo que viven, pero conserva su claridad de visión. Ha venido a servir, no a ponerse por enci ma de sus hermanos ni a ser servido.

A través de este domingo con que se inicia la Semana Santa, primero con la entrada a Jerusalén, y luego con la lectura de la Pasión según san Lucas, avistamos lo que viviremos en comunidad. Un teólogo ha escrito: “El Domingo de Ramos es el pórtico de la Semana Santa. En este domingo estamos dentro de la Semana Santa, pero fuera al mismo tiempo. Desde la entrada podemos ver todo lo que recorreremos en los días centrales de nuestra fe.”

Al escuchar hoy la Pasión presentimos el itinerario que recorreremos: de lunes a miércoles, la traición de Judas; el jueves santo, día de comunión con Jesús, que se nos ofrece en cuerpo y sangre; el viernes santo, en compañía del Jesús al que acusan, condenan, torturan y llevan a ejecutar según lo decidido por las máximas instancias religiosas y políticas.Es abandonado por los suyos. El relato de la Pasión de Jesús, entonces, nos sumerge en ese gran silencio de Dios, rasgado por el grito del crucificado: “Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”, y su última palabra de confianza: “En tus manos encomiendo mi espíritu”.

Jesús ha finalizado su itinerario de fe y de servicio abnegado. Ante el silencio que envuelve su muerte, nos pondremos junto a María, su madre, con la esperanza puesta en lo único que cabe: que Dios tome la Palabra y se pronuncie sobre el sacrificio de su Hijo.

EL SIERVO DEL SEÑOR
      (Is 50, 4-7)

El Señor me ha regalado
una palabra de aliento,
para poner el cimiento
con mi lengua de iniciado.
Nunca seré conturbado
por la injuria recibida,
ni mi alma es confundida
por la sangre y la pasión
que derrama el corazón
cuando sufre cruel herida.


Me acechan los malhechores
para burlarse de mí,
escapan lejos de Ti
y tus planes redentores.
En cuerpo, sangre y sudores
al Padre ya me he entregado.
Soy el Siervo abandonado
bajo una lápida fría,
mas dejo tumba vacía
y el mundo ya liberado.

Hno. Jesús Bayo, fms

Ora con la Palabra

 

Domingo 21 de abril: Pascua de la Resurrección del Señor

 

Jn 20,1-9

“...iÉl ‘debía’ resucitar de entre los muertos!”.

Lunes:  Hch 2,14.22-23 / Sal 16 (15) / Mt 28,8-15

“...No tengan miedo”.

Martes:  Hch 2,36-41 / Sal 33 (32) / Jn 20,11-18

“...He visto al Señor y me ha dicho esto”.

Miércoles:  Hch 3,1-10 / Sal 105 (104) / Lc 24,13-35

“...Es verdad: el Señor ha resucitado...”.

Jueves:  1 P 5,5b-14 / Sal 89 (88) / Mc 16,15-20

“...anuncien la Buena Nueva a toda la creación”.

Viernes:  Hch 4,1-12 / Sal 118 (117) / Jn 21,1-14

“...se acercó, tomó el pan y se lo repartió”.

Sábado : Hch 4,13-21 / Sal 118 (117) / Mc 16,9-15

“...no le creyeron”.

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