Lc15 1-3 11-2
Si hay algo distintivo en la manera de ver Jesús a las personas, es que nos mira con ojos misericordiosos, con los ojos amorosos con que el Padre Dios nos mira. También lo hace así con los fariseos y doctores de la Ley que lo juzgaban por acercarse y enseñar a pecadores y recaudadores de impuestos deseosos de escucharlo. Jesús les habla al corazón, donde guardamos las memorias de los acontecimientos más gratos de nuestras vidas, los recuerdos más tiernos, lo mejor de nosotros mismos.

En la parábola de hoy, Jesús nos invita a reconocer el amor del padre hacia el hijo pródigo. Eso fue lo único de todo lo que le había entregado como herencia que no pudo malgastar en su vida desordenada. El recuerdo de la bondad incondicional de ese padre fue lo que lo animó a regresar y a pedirle que lo tratara, al menos, como a uno de sus trabajadores. Pero el amor de su padre era mucho mayor de lo que él creía.

En esta historia, el hermano mayor parece creer que la relación con su padre estaba basada en el deber, en la obligación, no en un amor incondicional. Por eso es incapaz de entender la alegría de su padre al regreso de su hermano.

Esto es lo que ocurría a los fariseos y doctores de la Ley. Y lo mismo que nos ocurre a nosotros cuando pensamos que nuestra relación con Dios se basa en el deber, en la obligación.Pero el amor de Dios es mucho más grande de lo que creemos. Es el reconocer y agradecer
ese amor incondicional de Dios lo que nos mueve a una verdadera conversión.


JOSUÉ (Jos 5, 9-12)
A la tierra prometida
llegó el pueblo de Israel,
donde encontró leche y miel
como exquisita comida.
En Jericó, nueva vida
comenzó el pueblo gozoso.
Un designio misterioso
cumplió Josué, el caminante,
que estaba alegre y radiante
porque Dios fue generoso.


Congregado el pueblo santo,
la Pascua celebraría,
y al terminar aquel día
alabó a Dios con su canto.
El oprobio y el quebranto
de la esclavitud egipcia
se acabó con la justicia
del bondadoso Señor,
que mandó un libertador
sin orgullo ni codicia.

Hno. Jesús Bayo, fms

Ora con la Palabra

 

Domingo 15 de septiembre: XXIV del Tiempo Ordinario

 

Lc 15,1-32

“...estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido encontrado”

Lunes: 1 Tim 2,1-8 / Sal 28 (27) / Lc 7,1-10

“...ni siquiera en Israel he hallado una fe tan grande”.

Martes:  1 Tim 3,1-13 / Sal 101 (100) / Lc 7,11-17

“...Es un gran profeta el que nos ha llegado”.

Miércoles:  1 Tim 3,14-16 / Sal 111 (110) / Lc 7,31-35

“...la reconocen en su manera de actuar”.

Jueves:  1 Tim 4,12-16 / Sal 111 (110) / Lc 7,36-50

“...Tu fe te ha salvado, vete en paz”.

Viernes:  1 Tim 6,2c-12 / Sal 49 (48) / Lc 8,1-13

“...ustedes tienen oídos para oír”.

Sábado: Ef 4,1-7.11-13 / Sal 19 (18) / Mt 9,9-13

“...Me gusta la misericordia más que las ofrendas”.

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