Lc9 28-36En el camino de nuestra vida, atravesamos situaciones especialmente densas, en las que necesitamos detenernos, apartarnos, encontrar un espacio tranquilo y un tiempo sin urgencias para pensar en la soledad y ver claro; para seguir fortalecidos y lúcidos en nuestro compromiso cristiano. Necesitamos ser especialmente iluminados y fortalecidos por el Señor.

La transfguración de Jesús ocurre en un momento en que su vida cambia dramáticamente y da un giro inesperado, que ni los discípulos más cercanos llegan a comprender. Hasta ese momento, se ha concentrado principalmente en Galilea. Poco a poco se le va haciendo evidente que tiene que atravesar Palestina entera y subir a Jerusalén para anunciar allí con toda claridad la llegada del Reino de Dios.

Desde el comienzo de su misión junto a las ciudades del lago, y cada vez con más frecuencia, llegaban emisarios enviados por las máximas autoridades religiosas judías para espiar el comportamiento de Jesús, y para confrontarlo a ver cómo respondía. Pensaban que al sentir esa presión tal vez se callaría, o disminuiría la claridad y fuerza de su mensaje, o la gente cogería miedo y no lo seguiría con tanto fervor. Jesús hace todo lo contrario. Toma la decisión de subir a Jerusalén y planifca todo para llegar en la festa de la Pascua, el momento más importante del calendario, cuando la ciudad se llenaba de peregrinos judíos venidos desde las naciones vecinas y desde todos los rincones de Palestina.

Jesús, después de unos días caminando, rompe el ritmo del viaje, sube a una montaña con los tres discípulos más cercanos y lúcidos, para orar. Ninguno de los que iban con él lo comprendían; el miedo los llenaba por dentro y volvía torpes sus pasos. En la oración, Jesús ora lo que iba a pasar en Jerusalén. Sabía que lo iban a matar como a muchos profetas antesque a Él. Se encuentra con el Padre que lo ilumina y lo abraza hasta el punto de que su rostro se volvió radiante. Se sintió confrmado en su misión, y descendió del monte para encontrarse de nuevo con la comunidad de discípulos que lo esperaba descansando.

En los momentos oscuros, en vez de distraernos con mil entretenimientos, necesitamos orar con especial intensidad, para ser iluminados por el Señor. En el encuentro con Él, nos sentiremos amados, escogidos, iluminados y transformados por dentro. Dios nos necesita.


      ABRAHAM
(Gn 15,5-12.17-18)
Abram es hombre creyente,
deja su patria y aldea
lejana en Ur de Caldea
y sigue al Dios providente.
Encontrará nueva gente
en la Tierra prometida,
que a su casa Dios convida
y da tierra en posesión
a quien sigue con pasión
los senderos de la vida.


En noche de oscuridad
miraba Abraham las estrellas
y entre fuego de centellas
soñó en su posteridad…
Por su generosidad
recibió la eterna herencia;
hombre de fe y obediencia,
con el Señor hizo alianza
y se ganó la confanza
para obtener descendencia.

Hno. Jesús Bayo, fms

Ora con la Palabra

 

Domingo 15 de septiembre: XXIV del Tiempo Ordinario

 

Lc 15,1-32

“...estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido encontrado”

Lunes: 1 Tim 2,1-8 / Sal 28 (27) / Lc 7,1-10

“...ni siquiera en Israel he hallado una fe tan grande”.

Martes:  1 Tim 3,1-13 / Sal 101 (100) / Lc 7,11-17

“...Es un gran profeta el que nos ha llegado”.

Miércoles:  1 Tim 3,14-16 / Sal 111 (110) / Lc 7,31-35

“...la reconocen en su manera de actuar”.

Jueves:  1 Tim 4,12-16 / Sal 111 (110) / Lc 7,36-50

“...Tu fe te ha salvado, vete en paz”.

Viernes:  1 Tim 6,2c-12 / Sal 49 (48) / Lc 8,1-13

“...ustedes tienen oídos para oír”.

Sábado: Ef 4,1-7.11-13 / Sal 19 (18) / Mt 9,9-13

“...Me gusta la misericordia más que las ofrendas”.

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