Lc5 1-11A través de las escenas del bautismo de Jesús y de la visita a su propio pueblo, Nazaret, Lucas nos ha hecho ver en domingos pasados la vocación del Señor (cap. 3 y 4). Con la lectura de este domingo - capítulo 5 - nos muestra cómo llama a sus
discípulos.

Vivir su vocación es, para Jesús,responder como Hijo a su Padre, desde lo más profundo de ese Corazón en que nos
lleva a todos nosotros.

En la orilla del lago, Pedro y sus compañeros oyen con interés a Jesús enseñando a la gente. Sienten el cansancio de una noche de trabajo y la frustración de no tener qué llevar a sus hogares. Aun así, se afanan por dejar limpias las redes para la próxima faena. Entonces, se acerca Jesús, quien no solo ocupa la barca de Pedro, sino que, además, les pide remar mar adentro. A la confianza que muestra Jesús hacia ellos, responden igualmente: “En tu nombre, echaré las redes”. Por dentro, seguramente no estarían muy contentos de que el Señor llegara tan lejos con la confianza. Si en la noche anterior, descansados y con buenas condiciones para la pesca, no consiguieron nada, ahora, de día y cansados, ¿qué podrían esperar?

La obediencia y docilidad de Pedro hacia la iniciativa de Jesús debió serle costosa, pero tuvo tres resultados sorprendentes: una pesca milagrosa; la experiencia de que cuando el Señor toma la iniciativa y nos incorporamos a su labor, el fruto es seguro; y haber presenciado el poder salvador de Jesús ante ellos, unos simples pecadores.

Nuestra vida al interior de la comunidad tiene momentos insípidos, en que nos rodea el sentimiento de no palpar el
fruto deseado. Llegamos a creer que todo depende de nuestras energías e iniciativa y olvidamos que esta barca no se mueve con simples fuerzas humanas, sino con la gracia del Hijo de Dios, con la fuerza de su Espíritu y con la
confianza puesta en Él.

Hemos visto a más de un Papa pedir perdón a la humanidad por los errores pasados y presentes de nuestra Iglesia. Volvamos cada día a los pies de Jesús, pidiéndole que no se aparte de nosotros, pecadores. Porque, ¿qué haríamos solos con una barca, unos remos y unas redes, pero sin Él?

     AQUÍ ESTOY
  (Is 6, 1-2a. 3-8)

El Señor está sentado
con majestad en su trono:
a su poder me abandono
en ese templo sagrado.
Del pedestal elevado,
loaban los serafines.
Ángeles y querubines
Tres-veces-Santo cantaban,
mientras las puertas temblaban
en el cielo sin confines.

El profeta, temeroso,
frente a espíritus tan puros,
siente sus labios impuros,
ruega al Todopoderoso.
¿Será ese Dios bondadoso,
lleno de amor y clemencia?
Es la piedad su ciencia,
y purifica la boca
cuando su fuego nos toca
para alumbrar la conciencia.

Hno. Jesús Bayo, fms

Ora con la Palabra

 

Domingo 21 de abril: Pascua de la Resurrección del Señor

 

Jn 20,1-9

“...iÉl ‘debía’ resucitar de entre los muertos!”.

Lunes:  Hch 2,14.22-23 / Sal 16 (15) / Mt 28,8-15

“...No tengan miedo”.

Martes:  Hch 2,36-41 / Sal 33 (32) / Jn 20,11-18

“...He visto al Señor y me ha dicho esto”.

Miércoles:  Hch 3,1-10 / Sal 105 (104) / Lc 24,13-35

“...Es verdad: el Señor ha resucitado...”.

Jueves:  1 P 5,5b-14 / Sal 89 (88) / Mc 16,15-20

“...anuncien la Buena Nueva a toda la creación”.

Viernes:  Hch 4,1-12 / Sal 118 (117) / Jn 21,1-14

“...se acercó, tomó el pan y se lo repartió”.

Sábado : Hch 4,13-21 / Sal 118 (117) / Mc 16,9-15

“...no le creyeron”.

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