Lc4 21-30Si el diálogo con desconocidos a veces es difícil, también puede serlo con los demasiado conocidos. La experiencia de Jesús en la sinagoga de su pueblo es significativa. Al participar del servicio religioso del sábado, Jesús comenta la lectura de los textos sagrados que ha hecho. La reacción es muy mezclada. Primero, todos aprueban y se admiran de las palabras de gracia que salen de su boca. Pero, en seguida,los mismos que aprobaban, dejan de fijarse en el contenido de las palabras y cuestionan la fuente.

Lo sensato hubiera sido preguntarse si lo que dice este joven compueblano tiene sentido o no, si sentimos que sus palabras son verdaderas. Pero no, Jesús es demasiado conocido. Se ha criado con nosotros. Si viene alguien de fuera, aunque diga las mismas cosas, le prestaremos más atención y acogida.

Jesús no tiene credenciales. No es rabino. No pertenece a la casta sacerdotal. Muchas veces en nuestras comunidades, una persona común y corriente nos habla desde su experiencia espiritual, profunda, iluminadora. Pero es un simple laico. No tiene el respaldo que da el cuello romano. Lo descalificamos. Es profeta en su propia tierra.

Hace años, en una comunidad barrial en República Dominicana, estábamos reunidos en el patio de una humilde casa leyendo y comentando un pasaje del evangelio. Una viuda vecina nuestra, madre de siete hijos, sin prácticamente ninguna educación escolar, empezó a compartir lo que el evangelio le decía. Hasta el día de hoy en que escribo esto no he vuelto a escuchar nada más profundo, más inspirador, más conmovedor que la "homilía" que nos dio esta pobre viuda.En medio de su sencillo discurso, ella se detuvo con mucha vergüenza: "Ay, padre, perdóneme, porque es usted quien tiene que explicarnos a nosotros el evangelio". No hace faltacomentario.

Al leer este evangelio de San Lucas, resuenan en nuestros oídos las palabras del prólogo del evangelio de San Juan: "vino a los suyos y los suyos no lo recibieron".Las palabras de Jesús venían desde demasiado abajo. Tenían sabor a tierra campesina, a pan fresco. No venían envueltas en el ropaje académico, intelectual, de los escribas y maestros de la ley, sino en la gramática sencilla de las parábolas.

Sería triste que siguieran pasándonos por el lado tantos profetas de nuestra misma tierra y que continúen siendo descalificados.

PROFETA DE LAS NACIONES
      (Jr 1,4-5.17-19)


Cuando reinaba Josías,
rey cumplidor de la alianza
que en Dios puso su confianza,
apareció Jeremías…
Anunció con elegías
al pueblo la libertad;
habló con autoridad
a todos los corazones:
profeta de las naciones
que proclamó la verdad.


Dios también nos ha llamado
para ser sus mensajeros
y seguir por los senderos
del profeta consagrado.
Si el Señor nos ha mandado
a cumplir esta misión,
nos dará fuerza y razón
para anunciar la justicia
y llevar buena noticia,
cual signo de salvación.

Hno. Jesús Bayo, fms

Ora con la Palabra

 

Domingo 11 de agosto: XIX del Tiempo Ordinario

 

Lc 12,32-48

“...donde está tu tesoro, allí estará también tu corazón”.

Lunes: Dt 10,12-22 / Sal 147 (146-147) / Mt 17,22-27

“...Entonces los hijos no pagan”.

Martes:  Dt 31,1-8 / Interlec. Dt 32,3-12 / Mt 18,1-5.10.12-14

“...ésta le dará más alegría...”.

Miércoles:  Dt 34,1-12 / Sal 66 (65) / Mt 18,15-20

“...allí estoy yo, en medio de ellos”.

Jueves: Solemnidad de la Asunción de la Virgen María
Ap 11,19a;12,1.3-6a.10ab / Sal 45 (44) / 1 Co 15,20-27a / Lc 1,39-56

“...iBendita tú eres entre las mujeres...”.

Viernes:  Js 24,1-13 / 136 (135) / Mt 19,3-12

“...lo que Dios ha unido, no lo separe el hombre”.

Sábado: Js 24,14-29 / Sal 16 (15) / Mt 19,13-15

“...no les impidan que vengan a mí...”.

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