ELSpirituSobreMiHace dos semanas compartimos el momento del bautismo de Jesús, que marcó un nuevo inicio en su vida. Una semana atrás lo vimos en el pueblito de Caná compartiendo la alegría de una boda. En el signo de estas bodas de Caná vimos las maravillas que pueden ocurrir si hacemos lo que el Hijo de María nos dice.

Hoy volvemos a Nazaret, el pueblo galileo en que Jesús creció y lo encontramos en medio de quienes fueron parentela y vecinos suyos por 30 años. Es sábado y la mayoría se ha reunido en la sinagoga para dar gracias a Dios y escuchar su Palabra. Jesús se ofrece para leer. Elige un pasaje del profeta Isaías que le servirá para proclamar ante los suyos la misión que ahora lo mueve. En el momento de bautizarse, sintió que su Padre se la encomendaba y Él se dispuso a asumirla libremente. Ahora viene a compartirla con su gente.

Aquí, ante los nazarenos, quiere ratificar su disposición de vivir según la voluntad de su Padre. El texto de Isaías expresa lo que Él quiere hacer: llevar a los pobres la buena noticia de que Dios los ama, anunciar a los presos y oprimidos la libertad que Dios tiene para ellos, iluminar la vida de los que viven en oscuridad y dar a conocer a todos que de parte de Dios se ofrece un perdón ilimitado. Ha decidido dirigirse a personas que no pueden retribuirle lo que hará por ellos. Su vida expresará la preocupación de Dios por esos hijos e hijas a quienes les ha tocado la parte más dura de la vida.

Ante los ojos sorprendidos de sus parientes y vecinos, algunos contentos por ver a un Jesús transformado, otros - la mayoría - con un semblante más bien adusto, llenos de reserva, incrédulos, Jesús expresa lo que mueve su vida. Lo que irá viviendo para otros quisiera vivirlo con los suyos; pero no buscará engatusarlos ni imponerse a ellos. No presionará a ninguno para que crea en su misión y condición. Sólo hará maravillas con quien esté dispuesto a confiar en Él. Quiere vivir su misión desde una profunda libertad. Y para seguirlo, hay que situarse ante la parentela con libertad.
Los nazarenos, nosotros tenemos ahora la palabra.

LA LEY DEL SEÑOR
(Ne 8,2-10)
Cuando Esdras y Nehemías
proclaman la Ley sagrada
a la iglesia congregada,
se cumplen las profecías…
Ellos fueron buenos guías
para mostrar el camino
a ese pueblo peregrino
que regresaba gozoso
de un destierro doloroso,
y alcanzaba su destino.

Un nuevo Pueblo es llamado
y en la Ley encontrará
su alimento cual maná
para estar reconfortado.
Cristo nos ha consolado
con su Palabra de Amor:
es nuestro guía y pastor,
sacerdote, rey, profeta,
que nos indica la meta
como buen gobernador.

Hno. Jesús Bayo, fms

Ora con la Palabra

 

Domingo 3 de febrero: IV Ordinario

 

Lc 4,21-30

“...Ningún profeta es bien recibido en su patria”.

Lunes:  Hb 11,32-40 / Sal 31 (30) / Mc 5,1-20

“...cuéntales lo que el Señor ha hecho contigo...”.

Martes:  Hb 12,1-4 / Sal 22 (21) / Mc 5,21-43

“...Hija, tu fe te ha salvado; vete en paz...”.

Miércoles:  Hb 12,4-7.11-15 / Sal 103 (102) / Mc 6,1-6

“Jesús se admiraba de cómo se negaban a creer”

Jueves:  Hb 12,18-19.21-24 / Sal 48 (47) / Mc 6,7-13

“Fueron (...) a predicar, invitando a la conversión”.

Viernes:  Hb 13,1-8 / Sal 27 (26) / Mc 6,14-29

“Ordenó (...) que le trajera la cabeza de Juan”.

Sábado:  Hb 13,15-17.20-21 / Sal 23 (22) / Mc 6,30-34

“...estaban como ovejas sin pastor”.

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