bodasCanaWebUna buena comida, abundante, compartida y festiva, era para el pueblo judío una señal del Reino de Dios. Los comensales disfrutaban de los bienes de la tierra que se ofrecían a todos sin discriminar a nadie. La mesa no era un mercado donde se discutían los precios y se negociaba con los productos, sino un espacio donde todo se compartía, sin que nadie quisiera acaparar para sí dejando a otros con los platos vacíos.

En el evangelio de hoy, nos encontramos con el primer signo del texto de Juan. Jesús acude con sus discípulos para participar en un banquete de bodas, que era uno de los acontecimientos más alegres en la vida familiar. Su madre, María, también había sido invitada. El vino no podía faltar; era un estímulo para compartir la palabra y la alegría. La fiesta solía durar varios días para prolongar el reencuentro de familiares y amigos venidos de lejos que sólo se podían congregar en ocasiones especiales.

A mitad de la comida faltó el vino. Este detalle podía estropear la fiesta. María, presta a servir a todos, se da cuenta y lleva el problema a Jesús: “No tienen vino”. A los sirvientes les dice: “Hagan lo  que él les diga”. La presencia atenta de María es el comienzo de la buena noticia que se está preparando.

Las tinajas de piedra estaban destinadas a guardar el agua para los rituales de los judíos. Permanecían vacías como muchos de los ritos de la Sinagoga que ya estaban agotados y no decían nada a la gente. Llenarlas de agua y sacar vino nuevo de calidad es la imagen de lo que Jesús viene a realizar, continuando las enseñanzas del Padre al pueblo judío.

El Reino de Dios está entre nosotros. Viene a crear comunidades que vivan una nueva justicia, como decía Isaías al pueblo que regresaba del exilio. Las comunidades que nacen con Jesús están animadas desde dentro por el Espíritu que reparte dones diferentes a cada persona. Cada una es necesaria. Si alguien es excluido, ese cuerpo tiene una herida que sangra. Las comunidades cristianas son un signo del Reino de Dios en la medida en que todos son importantes, incluidos, y pueden aportar su diferencia. La alegría que se comparte como el vino, es una señal de la presencia de Jesús.

ALIANZA DE AMOR
(Is 62,1-5)

Vive el Señor desposado
con la doncella de Sión,
a quien ama con pasión
por estar enamorado.
Dios jamás ha abandonado
a esta esposa tan querida,
la única y preferida,
con quien selló su alianza
para engendrar esperanza
y dar al mundo la vida.

También Cristo se desposa
con la Iglesia inmaculada,
pecadora, bien-amada,
vestida de lirio y rosa…
Y en esta historia amorosa
siempre nos gana el Señor,
porque abraza al pecador,
su diadema nos coloca,
y derrama en nuestra boca
las dulzuras de su amor.

   Hno. Jesús Bayo, fms

Ora con la Palabra

 

Domingo 11 de agosto: XIX del Tiempo Ordinario

 

Lc 12,32-48

“...donde está tu tesoro, allí estará también tu corazón”.

Lunes: Dt 10,12-22 / Sal 147 (146-147) / Mt 17,22-27

“...Entonces los hijos no pagan”.

Martes:  Dt 31,1-8 / Interlec. Dt 32,3-12 / Mt 18,1-5.10.12-14

“...ésta le dará más alegría...”.

Miércoles:  Dt 34,1-12 / Sal 66 (65) / Mt 18,15-20

“...allí estoy yo, en medio de ellos”.

Jueves: Solemnidad de la Asunción de la Virgen María
Ap 11,19a;12,1.3-6a.10ab / Sal 45 (44) / 1 Co 15,20-27a / Lc 1,39-56

“...iBendita tú eres entre las mujeres...”.

Viernes:  Js 24,1-13 / 136 (135) / Mt 19,3-12

“...lo que Dios ha unido, no lo separe el hombre”.

Sábado: Js 24,14-29 / Sal 16 (15) / Mt 19,13-15

“...no les impidan que vengan a mí...”.

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