reyesMagosWebNo podemos darnos el lujo de perder la belleza y la ternura de la historia de los Reyes Magos. Debe quedar siempre en nuestro corazón algo de la inocencia infantil con la que tantos niños en el mundo entero celebran los regalos que ellos traen.

A la luz de esa lumbre, nos acercamos con un corazón adulto al drama de estos personajes bíblicos que van a anticipar la apertura de la salvación más allá de las fronteras del pueblo escogido.

La estrella que guiará a estos sabios del Oriente hasta el pesebre de Belén ilumina mucho más que su recorrido. La Epifanía -la manifestación de Dios- es la luz esplendorosa que ha brillado para todos los pueblos y todas las culturas.

La historia de estos viajeros no está exenta de los contrastes que marcan el nacimiento de Jesús. En la contemplación del Nacimiento en los Ejercicios Espirituales, San Ignacio nos invita a ver todos los sinsabores del nacimiento de este niño pobre, que pasa tantos trabajos para terminar en una cruz. Chocan la ternura de María, José y los pastores con las puertas cerradas de las posadas. Junto a los cantos de los ángeles vamos a oír también los gritos homicidas de los soldados de Herodes.

La búsqueda de los reyes, siguiendo dócilmente el camino de la estrella, se enfrenta con otra búsqueda que nace del temor de Herodes a perder el poder y el dominio de su reino.
En medio de tantas luces artificiales que brillan a nuestro alrededor, es necesario discernir el brillo de la estrella de Belén. La luz externa de la estrella que guió a los reyes dialogó con la luz interna que ya había hecho brillar Dios en sus corazones.

En ese discernimiento, aprendemos también de los sabios de Oriente la humildad de preguntar en los momentos de oscuridad cuando la estrella parece ocultarse.
La fiesta de la Epifanía no es solamente para los niños. La búsqueda de Dios no tiene límites de edad. En esa búsqueda nos encontraremos con toda una inmensa muchedumbre hambrienta de Él. Esas personas compartirán con nosotros sus luces y se enriquecerán de las nuestras. Cuando nuestra mirada se dirija más al cielo en busca de la estrella y menos a las diferencias de las rutas que hemos seguido, será más certero nuestro camino hacia el Dios que el Señor hoy nos manifiesta.

BRILLA SU ESTRELLA
(Is 60, 1-4)

 La luz de Dios aparece
con la estrella de Belén,
y brilla Jerusalén
cuando su gloria amanece.
¿Por qué este signo acontece
cuando Dios se manifiesta?
Tres sabios dan su respuesta
y regalan su tesoro
de mirra, de incienso y oro:
celebremos hoy su fiesta.

 Fiesta de la Epifanía:
se alegran los corazones
y descubren las naciones
que Dios es nuestra alegría.
El indigente confía
en el Niño Salvador.
Tiene el orbe un protector
que con su paz nos gobierna,
y su mirada fraterna
irradia divino amor.

   Hno. Jesús Bayo, fms

Ora con la Palabra

 

Domingo 3 de febrero: IV Ordinario

 

Lc 4,21-30

“...Ningún profeta es bien recibido en su patria”.

Lunes:  Hb 11,32-40 / Sal 31 (30) / Mc 5,1-20

“...cuéntales lo que el Señor ha hecho contigo...”.

Martes:  Hb 12,1-4 / Sal 22 (21) / Mc 5,21-43

“...Hija, tu fe te ha salvado; vete en paz...”.

Miércoles:  Hb 12,4-7.11-15 / Sal 103 (102) / Mc 6,1-6

“Jesús se admiraba de cómo se negaban a creer”

Jueves:  Hb 12,18-19.21-24 / Sal 48 (47) / Mc 6,7-13

“Fueron (...) a predicar, invitando a la conversión”.

Viernes:  Hb 13,1-8 / Sal 27 (26) / Mc 6,14-29

“Ordenó (...) que le trajera la cabeza de Juan”.

Sábado:  Hb 13,15-17.20-21 / Sal 23 (22) / Mc 6,30-34

“...estaban como ovejas sin pastor”.

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