VisitacionWebEn ocasiones, una liturgia de relieve da paso a otra que la supera en importancia. Así ocurre este año: llegamos al cuarto domingo de Adviento lleno de alegría y esperanza. Pero, al paso de un simple día, nos encontraremos mañana con la Navidad, el Nacimiento de Jesús.

Contemplamos hoy el encuentro de María, la madre del Señor, con Isabel, madre de Juan Bautista, que nos pone en expectativa. Dos mujeres embarazadas, que se encuentran tras un largo camino, no parecieran llevar consigo la respuesta de Dios a las promesas de siglos hechas a patriarcas y profetas. Mas, las cosas de Dios siempre sorprenden. Como decía aquel grafiti en el muro de un pueblo argentino: “¡Estamos a nada de serlo todo!”.  Y así es: del saludo y abrazo de María e Isabel en Ein Karem, estamos a punto de hallarnos mañana en el pesebre de Belén para encontrarnos con que ellas ¡tenían razón!

José, esposo de María, y Zacarías, sacerdote y esposo de Isabel, han cedido la escena a sus esposas. María había caminado con prisa de Nazaret a la montaña de Judá para compartir con Isabel la alegría de haber sido llamadas ambas a una misma misión y asistirla en su parto. ¡Cosas de Dios, poner la jugada más audaz de la historia en manos y corazones de dos mujeres sencillas!

Sin bulla, sin adornos ni títulos, estas mujeres han dado sus brazos a Dios para hacer girar el timón de la historia hacia el lado más inesperado: ¡Dios con nosotros! Ellas lo creyeron. Y ahora, ante el misterio que ha echado raíces en sus vientres y está a punto de estallar en bendiciones para la humanidad, solo pueden alegrarse de ver cómo se abre paso a través de ellas la Palabra que brota de Dios y toca al ser humano, lo toma de la mano y lo coloca a la mayor altura: la alegría inesperada, inimaginable del Dios que rescata a su pueblo. A través de ellas llega, por iniciativa de Él, la mayor bendición, la consolación ofrecida a todo el pueblo, a toda la humanidad.  

¡Estas mujeres tenían razón! Como también la tuvo Dios al invitarlas a trabajar con Él. No se equivocaba: estas mujeres dan para todo. Hasta para ser madre de Dios y madre del Precursor. ¡Qué maravilla!

BELÉN DE EFRATA
(Miq 5, 1-4)

Belén, aldea de Efrata
-casa del pan ideal-,
desde tiempo inmemorial
tu prestigio se dilata.
Das la noticia más grata
a toda la humanidad.
Deslumbras luz de Verdad
en tu recinto sagrado
cuando el gran Rey ha llegado
a recibir su heredad.

Será su nombre glorioso
y alcanzará la victoria,
porque conduce la historia
con su brazo poderoso.
Este Rey santo y piadoso
del pueblo será Pastor
que apaciente con amor
a su rebaño en la tierra,
donde no habrá ya más guerra
cuando reine este Señor.

   Hno. Jesús Bayo, fms

Ora con la Palabra

 

Domingo 3 de febrero: IV Ordinario

 

Lc 4,21-30

“...Ningún profeta es bien recibido en su patria”.

Lunes:  Hb 11,32-40 / Sal 31 (30) / Mc 5,1-20

“...cuéntales lo que el Señor ha hecho contigo...”.

Martes:  Hb 12,1-4 / Sal 22 (21) / Mc 5,21-43

“...Hija, tu fe te ha salvado; vete en paz...”.

Miércoles:  Hb 12,4-7.11-15 / Sal 103 (102) / Mc 6,1-6

“Jesús se admiraba de cómo se negaban a creer”

Jueves:  Hb 12,18-19.21-24 / Sal 48 (47) / Mc 6,7-13

“Fueron (...) a predicar, invitando a la conversión”.

Viernes:  Hb 13,1-8 / Sal 27 (26) / Mc 6,14-29

“Ordenó (...) que le trajera la cabeza de Juan”.

Sábado:  Hb 13,15-17.20-21 / Sal 23 (22) / Mc 6,30-34

“...estaban como ovejas sin pastor”.

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