bautizoWebEn este tiempo de preparación para la fiesta del nacimiento de Jesús en Belén, nos encontramos con una llamada vigorosa a la alegría. El profeta Sofonías dice que el Señor está en medio del pueblo, que se goza en él y lo ama. La alegría nuestra es unirnos a la alegría de Dios. quien se siente gozoso en medio de su pueblo, contento de estar con nosotros.

Pablo escribe una carta a los cristianos de Filipos, donde la palabra más repetida es “alegría”. No es una carta escrita en un lugar lleno de comodidades y de privilegios, sino en la estrechez, soledad y rigor de una cárcel, con la incertidumbre de no saber si lo dejarán libre o lo condenarán a muerte. La razón de la alegría es que el Señor está cerca, con él.

La alegría se fundamenta en Dios, que está a nuestro lado, nos ama y nos cuida. En toda dificultad, si sentimos su cercanía, podemos sentir una alegría que es más fuerte y honda que las dificultades.  La diversión y el entretenimiento que llegan desde fuera hasta nuestros sentidos, la estimulación química de las drogas de cualquier tipo corriendo por nuestras venas, tienen precio, propaganda y mercaderes.

Pero la alegría verdadera que nace en el corazón es gratuita y no se puede engañar ni fingir. Es uno de los dones que el Espíritu nos regala. La alegría es propia del rostro cristiano, de las comunidades que se reúnen para celebrar su fe, aun en medio de grandes dificultades.

Dentro de la sobriedad del adviento, nos alegramos como una familia que espera feliz la llegada de un nuevo hijo a la casa. La misma espera ya participa de la alegría del parto que se acerca. El Papa Francisco nos exhorta constantemente a la alegría, como una dimensión medular de la vida cristiana. El rostro de la vida evangélica es alegre.

Juan exhorta a los que se acercan al Jordán, a un comportamiento que genera alegría mientras esperan al Mesías: los recaudadores de impuestos no deben exigir más de lo legal; los militares no deben extorsionar al pueblo requiriéndoles dinero. En una época de hambre y necesidad, el que tenga dos túnicas o dos platos de comida, que comparta con los que no tienen. Es también nuestra manera de prepararnos para acoger al Hijo que viene a compartir nuestra vida.

ALEGRÍA DE SION
(Sof 3, 14-18)

 Regocíjate, Sion,
con júbilo y alegría,
porque el Señor es el guía
que alienta tu corazón.
Traerá la salvación
al pueblo que fue elegido.
Desde la cruz ha vencido
al ominoso pecado,
y su muerte ha levantado
a quien estaba caído.

 Hoy cantamos jubilosos
porque viene nuestro Rey
a regalarnos su Ley
y corazón bondadoso.
Por eso, el hombre piadoso
practica el bien y confía,
pues no hay mayor maestría
que ejercitar la virtud
y mostrar solicitud
por los que Dios nos envía.

   Hno. Jesús Bayo, fms

Ora con la Palabra

 

Domingo 3 de febrero: IV Ordinario

 

Lc 4,21-30

“...Ningún profeta es bien recibido en su patria”.

Lunes:  Hb 11,32-40 / Sal 31 (30) / Mc 5,1-20

“...cuéntales lo que el Señor ha hecho contigo...”.

Martes:  Hb 12,1-4 / Sal 22 (21) / Mc 5,21-43

“...Hija, tu fe te ha salvado; vete en paz...”.

Miércoles:  Hb 12,4-7.11-15 / Sal 103 (102) / Mc 6,1-6

“Jesús se admiraba de cómo se negaban a creer”

Jueves:  Hb 12,18-19.21-24 / Sal 48 (47) / Mc 6,7-13

“Fueron (...) a predicar, invitando a la conversión”.

Viernes:  Hb 13,1-8 / Sal 27 (26) / Mc 6,14-29

“Ordenó (...) que le trajera la cabeza de Juan”.

Sábado:  Hb 13,15-17.20-21 / Sal 23 (22) / Mc 6,30-34

“...estaban como ovejas sin pastor”.

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