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Los seguidores de Jesús no constituían un grupo homogéneo. Estaba el núcleo más cercano a Jesús, los Doce, llamados desde el inicio de su ministerio público. Doce en referencia simbólica a las doce tribus de Israel. Después un grupo más numeroso, compuesto de hombres y mujeres que lo acompañan en sus correrías apostólicas y comparten con Él sus recursos, casi siempre escasos. Más en la periferia hay que situar a las personas que acuden a oir su predicación cuando pasa por cerca de sus aldeas. Acuden también a oírlo personas que no simpatizan con sus opciones: escribas y maestros de la Ley, fariseos y saduceos, incluso miembros de la guardia sacerdotal y funcionarios romanos.

Cuando Jesús hace un milagro significativo y contundente como la resurrección de un muerto o la multiplicación de los panes y los peces, el número de los seguidores aumenta. El largo discurso del pan de la vida sigue a esa escena de la multiplicación como la narra San Juan en el capítulo 6.

El evangelista nos dice que el mensaje de Jesús provocó reacciones muy adversas entre muchos de los que lo siguen. Es un lenguaje duro, difícil de comprender y de asimilar. Se capta que "comer la carne y beber la sangre" tiene connotaciones de compromiso y de sacrificio que no tienen nada que ver con los beneficios de seguir al hacedor de milagros.

Relata San Juan que muchos de estos seguidores de los tiempos buenos empiezan a no andar ya con Jesús. Se va reduciendo el grupo. Ante esta retirada cada vez más numerosa, Jesús confronta al grupo de sus seguidores más cercanos. "¿También ustedes quieren dejarme?" Esta pregunta nace del dolor de Jesús al verse incomprendido y rechazado.

Pedro, portavoz del grupo de los doce en los momentos más significativos del camino con Jesús, responde con la frase que encabeza esta mesa. "¿A dónde iremos? Tú tienes palabras de vida eterna".

Cuando la Iglesia ha atravesado momentos difíciles, de persecución externa o de crisis interna de horizonte y de sentido, muchas personas han abandonado sus filas. La seducción de otras ofertas religiosas menos exigentes o que prometen beneficios más tangibles pasa factura a la membresía de la Iglesia. Un seguimiento basado en simpatías hacia líderes humanos se quiebra cuando ellos nos defraudan. Las palabras de Pedro resuenan como una llamada a la fidelidad y a la permanencia.

Ora con la Palabra

 

Domingo 1 de marzo: I de Cuaresma

 

Mt 4,1-11

“...Adorarás al Señor tu Dios, y a Él solo servirás”.

Lunes:  Lv 19,1-2.11-18 / Sal 19 (18) / Mt 25,31-46

“Todas las naciones serán llevadas a su presencia...”.

Martes:  Is 55,10-11 / Sal 34 (33) / Mt 6,7-15

“...su Padre ya sabe lo que necesitan”.

Miércoles:  Jon 3,1-10 / Sal 51 (50) / Lc 11,29-32

“...será una señal para esta generación”.

Jueves:  Est 14,1.3-5.12-14 / Sal 138 (137) / Mt 7,7-12

“Pidan y se les dará...”.

Viernes:  Ez 18,21-28 / Sal 130 (129) / Mt 5,20-26

“...no saldrás de allí hasta que hayas pagado...”.

Sábado: Dt 26,16-19 / Sal 119 (118) / Mt 5,43-48

“...Él hace brillar su sol sobre malos y buenos...”.

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