cambioClimaticoWebNuestro planeta es un complejo sistema que transita por ciclos de constante actividad. Un índice que nos permite afirmarlo es el devenir del comportamiento climático, en que han existido períodos de temperaturas extremas. Cada momento produce efectos que inciden en la biosfera, espacio donde nos desarrollamos como especie y en el cual, por el raciocinio que Dios nos otorga, tenemos una responsabilidad directa en el uso de los recursos naturales.

Después que el Señor crea al hombre y a la mujer, nos da una orden: “Sean fecundos y multiplíquense, y llenen la tierra y sométanla…” (Génesis 1-28). Desde el inicio nos plantea el reto de convivir en equilibrio con lo que entrega para que podamos ser fecundos en felicidad. Propone una relación de amor del humano hacia su entorno, para obtener justamente lo que necesitamos y lo administremos en equidad.  

En la actualidad, el cambio climático en nuestro planeta es influenciado por el desequilibrio y el mal manejo de la naturaleza, provocado por la ambición que impera. Por eso, nos encontramos en un ciclo en que nos convertimos en víctimas de nuestras propias acciones. Como cubanos, no estamos exentos de esta problemática.

La vulnerabilidad que tenemos en Cuba para sufrir los efectos de este cambio climático es creciente por la morfología topográfica e insular, la ubicación geográfica del país, la falta de percepción de riesgo y las escasas posibilidades de desarrollo económico de la población, garantes de la seguridad de las viviendas e infraestructuras. Ejemplos de estos efectos son los huracanes, los largos períodos de seca y la elevación del nivel medio del mar. A estos fenómenos generales les siguen consecuencias colaterales, como la salinización del manto freático, los incendios forestales, la devastación, las pérdidas de ecosistemas y recursos materiales.

Nosotros, como Iglesia, poseemos una alta responsabilidad encomendada por el Señor. Podemos convertirnos en el despertar de conciencias, la vía de educación e instrucción, la crítica constructiva, la denuncia profética o en impulsores de proyectos. Primero, tenemos que hacernos conscientes de la problemática y la responsabilidad que enfrentamos. Para llenarnos de la voluntad que nos brinda el Espíritu Santo y encaminarnos a materializar una acción al alcance de las posibilidades como comunidad, tenemos que tener confianza en la fuerza de lo pequeño y en la providencia del Señor. ¿Cuándo nos comprometeremos para ayudar a reforestar un lugar o a ser voz de alerta frente a una vulnerabilidad latente? Promover el manejo de desechos, el consumo responsable, la agricultura sostenible, etc., son acciones que tenemos a mano según el área de incidencia.

Somos sal y luz del mundo. Por esa condición que nos da Jesús, podemos tener la convicción de haber sido invitados a buscar la vía para ser instrumento en la construcción del Reino, aquí donde se nos ha dado la misión de servir.

Ora con la Palabra

 

Domingo 21 de abril: Pascua de la Resurrección del Señor

 

Jn 20,1-9

“...iÉl ‘debía’ resucitar de entre los muertos!”.

Lunes:  Hch 2,14.22-23 / Sal 16 (15) / Mt 28,8-15

“...No tengan miedo”.

Martes:  Hch 2,36-41 / Sal 33 (32) / Jn 20,11-18

“...He visto al Señor y me ha dicho esto”.

Miércoles:  Hch 3,1-10 / Sal 105 (104) / Lc 24,13-35

“...Es verdad: el Señor ha resucitado...”.

Jueves:  1 P 5,5b-14 / Sal 89 (88) / Mc 16,15-20

“...anuncien la Buena Nueva a toda la creación”.

Viernes:  Hch 4,1-12 / Sal 118 (117) / Jn 21,1-14

“...se acercó, tomó el pan y se lo repartió”.

Sábado : Hch 4,13-21 / Sal 118 (117) / Mc 16,9-15

“...no le creyeron”.

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