respetoRuidoWebDinero, descanso y superación son necesidades recurrentes en el ser humano, que no se satisfacen de una vez por todas, sino que demandan ser satisfechas nuevamente. Ocurre que, en ocasiones, por más que lo intenten, las personas no logran su cometido. El ambiente no lo permite, pues, a veces, la satisfacción de una necesidad personal entra en conflicto con la satisfacción de la necesidad de otro.

Se da esto con un fenómeno tradicional en ciudades y pueblos, que se ha deformado en tiempos recientes. Ahora, no solo hay instalaciones comerciales o de servicios, como cafeterías o peluquerías de cuentapropistas, sino que se despliega todo un sector ambulante que, desde las ocho de la mañana hasta las doce de la noche, siete días a la semana, anuncia sus productos por diferentes medios: la garganta, las bocinas, los silbatos, entre otros. Así, los ciudadanos, por más lejos que se encuentren de la calle, ya no necesitan salir de casa para enterarse de que en la calle se vende “el bocadito de helado”, “escobas, haraganes, trapeadores”, “pan, galletas de mantequilla, ajonjolí, etc.” La creatividad de estos neo-pregoneros es, a nivel publicitario y tecnológico, tan eficaz que da igual si duermes, te bañas, ves el noticiero o rezas: los gritos y sonidos de estos vendedores llegan a tus oídos donde estés y a la hora que sea.

Esta situación crea una constante contaminación sonora en la ciudad y una irritación  en la convivencia. La satisfacción de las necesidades monetarias crecientes de los vendedores se plantea ahora en contra de la necesidad de descanso de los consumidores, y, a juzgar por las circunstancias, pareciera que la primera va camino de imponerse. Una verdadera convivencia exige respeto mutuo, consideración hacia todos y una limitación de los horarios en función del bien común. Es menester pensar si lo que se hace o cómo se hace afecta negativamente a otros para entonces no hacerlo. En una sociedad mayormente instruida, cuyas ciudades cuentan desde hace tiempo con rasgos propios de la cultura contemporánea, es necesario establecer y hacer cumplir regulaciones y pautas para la convivencia.

Mientras escribo este artículo un carrito de helados con música pasa a dos cuadras; es el noveno que circula esta tarde por el barrio. ¿No sería más civilizado que estos vendedores ambulantes se organizaran para no coincidir en el mismo espacio? De forma semejante, se debe excluir los pregones y el uso de bocinas a partir de cierta hora –por ejemplo, las 9:00 de la noche– en que descansa la mayoría. Es lamentable que un ser humano, para ganarse el pan honradamente, tenga que deambular a deshora por las calles. El descanso es también un derecho y el trabajo nocturno debe hacerse con cierta protección. Para colmo, por unos escasos clientes que consiga, irritará a la mayor parte de la ciudadanía.

Vendedor ambulante, gánate la vida, pero considerando al prójimo. Busca alternativas para evitar la contaminación sonora; te dará mejores resultados. Y recuerda, cosecharás lo que siembres.

Ora con la Palabra

 

Domingo 21 de julio: XVI del Tiempo Ordinario

 

Lc 10,38-42

“...se sentó a los pies del Señor y se quedó escuchando su palabra”.

Lunes: Ct 3,1-4 / Sal 63 (62,2-6.8-9) / Jn 20,1.11-18

“...He visto al Señor...”.

Martes:  Ex 14,21 al 15,1 / Interl. Ex 15,8-17 / Mt 12,46-50

“...ese es para mí un hermano, una hermana....”.

Miércoles:  Ex 16,1-5.9-15 / Sal 78 (77) / Mt 13,1-9

“El que tenga oídos, que escuche”

Jueves:  Hch 4,33;5,12.27-33;12,2 / Sal 67 (66) /2 Co 4,7-15 / Mt 20,20-28

“...no vino a ser servido, sino a servir...”.

Viernes: Ex 20,1-17 / Sal 19 (18) / Mt 13,18-23

“...ciertamente dará fruto y producirá cien...”.

Sábado: Ex 24,3-8 / Sal 50 (49) / Mt 13,24-30

“...cosechen el trigo y guárdenlo en mis bodegas”.

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