pregonWebSin duda alguna, para disfrutar de nuestro ajiaco cultural, como diría Don Fernando, es preciso entrar en las claves “mercanto-musicales” de los pregones callejeros. Ellos, como la rumba, tienen una paternidad barrial bien distante de los supermercados “shopping” refrigerados, con música estilo “Radio Enciclopedia” y precios que provocarían en Pánfilo ese gesto de “la ola” acompañado de un “¡no, hombre, no!”.

Pues sí, el pregón barrial de mi infancia era familiar, coloquial, afectuoso, melodioso, inspirativo. En la añeja memoria de los sesentones y sesentonas aparece con nostalgia el coquito acarameladito; el  tamalito con pica y sin pica; el bombón del carbonero; el cucuruchito de maní; el recitativo aquel que decía: “cambio pomos, litros, botellas, mochos de escoba por melcochas, ¡melcochero!” y que provocaba un auténtico desbarajuste entre la chiquillada que corría a buscar lo que pudiera cambiarse para disfrutar cómo los dedos, los dientes, la lengua, se enredaban con la melcocha.

Aquellos pregones arraigaron profundamente en nuestra cultura musical al cristalizar en verdaderos monumentos de cubanía, como “El manisero”, interpretado con la maestría de Bola o de Rita, “El yerbero” y “El pregón del pescador”, que hacían mover los pies cuando Celia cantaba. ¿Quién no recuerda los tamalitos de Olga? ¿O aquel criollísimo “tumbao” que decía: “Al bon, bon, bon, del carbonero, toma el saco, dame el dinero”, y tantos otros que pasearon y pasean los escenarios del mundo entero?

Hoy, penosamente, los pregones resultan gritos estentóreos cargados de rudeza, carentes del gracejo criollo y, eventualmente, vulgares o groseros. Desde las 5:15 de la mañana se escuchan los silbatazos inmisericordes de los “panaderos” que, además, cuales tarzanes reinventados, lanzan el alarido que continúa perforando el silencio matinal: “¡¡¡¡¡PAAAAAAAN CALIENTE ESPECIAL DE BAAAAAAARRA!!!! …” y ni qué decir cuando se suceden, como cataratas competitivas, los distintos “panaderos”.

Capítulo aparte merecen los carretilleros que perforan los tímpanos, a elevadísimo nivel de decibeles y en atropellada cadencia, con su oferta: “¡Vaya la yuca, el quimbombó, el plátano macho, la guayaba, el pepino, la zanahoria…! ¡QUE ME VOY!”,  (un “¡que me voy!” impositivo, imperativo, dictatorial), que  no pocas veces dan deseos de replicarles: “¡Pues sí, acábate de ir!”
¿Podrá alguno de nuestros geniales compositores inscribir en el patrimonio musical un pregón con los “inspirativos” panaderos, carretilleros, reparadores de colchones, vendedores de ambientador, o cloro, o lejía? Tal vez sí, cuando recuperemos el buen gusto, la bonhomía y la gentileza del manisero que entona su pregón, para que la caserita no se acueste a dormir sin probar un cucurucho de maní.

Ora con la Palabra

 

Domingo 3 de febrero: IV Ordinario

 

Lc 4,21-30

“...Ningún profeta es bien recibido en su patria”.

Lunes:  Hb 11,32-40 / Sal 31 (30) / Mc 5,1-20

“...cuéntales lo que el Señor ha hecho contigo...”.

Martes:  Hb 12,1-4 / Sal 22 (21) / Mc 5,21-43

“...Hija, tu fe te ha salvado; vete en paz...”.

Miércoles:  Hb 12,4-7.11-15 / Sal 103 (102) / Mc 6,1-6

“Jesús se admiraba de cómo se negaban a creer”

Jueves:  Hb 12,18-19.21-24 / Sal 48 (47) / Mc 6,7-13

“Fueron (...) a predicar, invitando a la conversión”.

Viernes:  Hb 13,1-8 / Sal 27 (26) / Mc 6,14-29

“Ordenó (...) que le trajera la cabeza de Juan”.

Sábado:  Hb 13,15-17.20-21 / Sal 23 (22) / Mc 6,30-34

“...estaban como ovejas sin pastor”.

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