WifiParqueWeb-¡Niiiiiiiiiño, por Dios, no corras tanto! Ay,  este chiquillo va a acabar con mis nervios… Se lo dije a su papá, que no le quitara las rueditas a la bicicleta. Ya no le basta el parque. Mira cómo corre…

-Eso es así, vecina. Mire al grupito aquel que está jugando pelota… ¡¡¡Miguelito!!! Cuidadito  con bajar a la calle a buscar la pelota. No, si yo le digo, que hay que estar con cuatro ojos velando a los muchachos.

-Pero no vayan a creer, que por ser varones son más revoltosos. Cuquita, mi nieta, esa que está brincando con la suiza, la de las motonetas, es tremenda. Ella nunca pierde y, si pierde, arrebata… Ya en varias ocasiones se ha enredado a los moños con las otras amiguitas.

Esta amena y un tanto efervescente conversación sostenían las tres abuelas devenidas guardianas de los revoltosos chiquillos que poblaban las tardes en el parque del barrio. De fondo y con el toque mágico de las melodías lejanas se escuchaban los coros infantiles: “Alánimo, alánimo, la fuente se rompió”… “A la rueda, rueda, de pan y canela”.

A unas veinte sillas de distancia se escuchaba la ronca voz de Mongo, el ex-pelotero del equipo local:
-¡Qué dices, cobarde! ¿Cómo vas a comparar a Isasi con Marquetti? Tú no sabes nada de pelota.

-¡Quien no sabe de pelota eres tú, que sólo aprendiste a jugar quimbumbia!- le bromeaba Pepón, también compañero del mismo equipo.

-A la verdad que hay que oír boberías… El mejor es Anglada -terciaba Yeyo, el bodeguero.

Y la amena peña beisbolera seguía su animado curso junto a la glorieta, donde la banda se preparaba para la acostumbrada retreta que hacía las delicias de los amantes del danzón, las guajiras, el sucu-suco y tantas otras filigranas musicales. Estas, cual sedantes de pasiflora, calmaban los ánimos de las abuelas y los fanáticos del beisbol mientras que los fiñes bicicleteros, peloteros, brincadores de suiza y cantantes de rondas seguían disfrutando del parque, de la brisa y del esparcimiento después del ajetreo cotidiano.

Qué pena y qué nostalgia invade el ánimo de quienes disfrutamos aquellas tardes de parque cuando hoy, al acercarnos, lo vemos convertido en una sala de navegación Wi-Fi poblada de tablets, PC, celulares, audífonos, etc., y de rostros ansiosos por comunicarse con “el más allá”. Casi desapareció el intercambio entre vecinos y conocidos, el ejercicio de los fiñes, el cultivo de la tradición musical y el esparcimiento sano para dar paso al negocio “de allá” y “de acá” y al “sálvese quien pueda” de la comunicación cibernética.

Inevitablemente recordé al dúo “Los Compadres” con aquel “tumbao” que decía: “Cómo cambian los tiempos, Venancio, qué te parece; qué te parece, Venancio, ¡qué te parece!”.

Ora con la Palabra

 

Domingo 17 de enero: II del Tiempo Ordinario

 

Jn 1,35-42

“...vieron donde vivía, y pasaron con Él el resto del día…”.

Lunes:   Hb 5,1-10 / Sal 110 (109) / Mc 2,18-22

“...hay que echar el vino nuevo en cueros nuevos”.

Martes:   Hb 6,10-20 / Sal 111 (110) / Mc 2,23-28

“...tiene autoridad también sobre el sábado”.

Miércoles:  Hb 7,1-3.15-17 / Sal 110 (109) / Mc 3,1-6

“...su mano quedó sana”.

Jueves:  Hb 7,25 al 8,6 / Sal 40 (39) / Mc 3,7-12

“iTú eres el Hijo de Dios!”.

Viernes:  Hb 8,6-13 / Sal 85 (84) / Mc 3,13-19

“...eligió entre ellos a doce, para que lo acompañaran...”.

Sábado:  Hb 9,2-3.11-14 / Sal 47 (46) / Mc 3,20-21

“...decían que se había vuelto loco”.

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