hombreSacoWebRobustiano, el viejo del saco, era un personaje ficticio, la encarnación conjunta de todos los villanos de los cuentos: la bruja de Blanca Nieves, el lobo de Caperucita, la madrastra de Cenicienta, etc. Lo realmente asombroso estaba en su eficacia. Cuando se requería llamarme al orden para que dejara de hacer travesuras, realizara la tarea o fuera a bañarme, escuchaba el "toque a degüello": ¡ahí viene el viejo del saco! Inmediatamente mi mente infantil empezaba a imaginar cosas horribles y así, coaccionado por el miedo, obedecía sumiso mientras el sudor corría por mis manos.

Robustiano era conjurado con voz fuerte, brazo extendido e índice en ristre, de manera amenazadora, enarbolado para desatar terrores paralizantes y anular libertades. Tuvo que pasar el tiempo para que, dejada atrás la infancia, pudiera yo comprender el dinamismo del miedo incorporado que se activaba, con todas sus secuelas, ante el estímulo de un dedo índice en alto, de una voz prepotente o de otros símbolos que se fueron asociando. Me di cuenta de que el hechizo del viejo del saco perseguía mi sometimiento a las figuras de autoridad real, imaginada o atribuida, aunque en mi interior ya hubiera desaparecido el terror infantil.

En el caminar de la vida fueron apareciendo muchos Robustianos en las más disímiles circunstancias. En el aula de Secundaria: ¡ahí viene el director!; en el trabajo: ¡ahí está el del sindicato!; en el banco del parque: ¡mira al policía!; en el timbiriche del barrio: ¡llegó el inspector! Así, reclamamos, desde lo más hondo de nosotros mismos, lo que dice este poema musicalizado del argentino Alberto Cortez:

“Si nos dejaran
caminar por las cornisas de la vida,
sin temer a la aventura inesperada,
sin andar buscando siempre una salida.
Si nos dejaran
simplemente decidir nuestro destino,
que sirvieran solamente las espadas
para no dejar en paz a los molinos.
Si nos dejaran
por inútil desterrar la prepotencia,
que ocupara su lugar, sin condiciones,
si es que vive todavía, la inocencia.
Si nos dejaran
despegar alguna vez las etiquetas,
que saltaran por los aires la arrogancia,
las envidias, privilegios y caretas.
Pero un rayo de anti-luz nos amenaza,
como un mágico pastor nos arredila,
nos convence poco a poco, nos enlaza
y al final, como corderos, nos esquila”.

“Si nos dejaran
caminar por las cornisas de la vida,
sin temer a la aventura inesperada,
sin andar buscando siempre una salida.

Si nos dejaran
simplemente decidir nuestro destino,
que sirvieran solamente las espadas
para no dejar en paz a los molinos.

Si nos dejaran
por inútil desterrar la prepotencia,
que ocupara su lugar, sin condiciones,
si es que vive todavía, la inocencia.

Si nos dejaran
despegar alguna vez las etiquetas,
que saltaran por los aires la arrogancia,
las envidias, privilegios y caretas.
Pero un rayo de anti-luz nos amenaza,
como un mágico pastor nos arredila,
nos convence poco a poco, nos enlaza
y al final, como corderos, nos esquila”.

Si nos dejaran…, si nos dejaran, nadie recordaría a Robustiano, el viejo del saco.

Ora con la Palabra

 

Domingo 17 de enero: II del Tiempo Ordinario

 

Jn 1,35-42

“...vieron donde vivía, y pasaron con Él el resto del día…”.

Lunes:   Hb 5,1-10 / Sal 110 (109) / Mc 2,18-22

“...hay que echar el vino nuevo en cueros nuevos”.

Martes:   Hb 6,10-20 / Sal 111 (110) / Mc 2,23-28

“...tiene autoridad también sobre el sábado”.

Miércoles:  Hb 7,1-3.15-17 / Sal 110 (109) / Mc 3,1-6

“...su mano quedó sana”.

Jueves:  Hb 7,25 al 8,6 / Sal 40 (39) / Mc 3,7-12

“iTú eres el Hijo de Dios!”.

Viernes:  Hb 8,6-13 / Sal 85 (84) / Mc 3,13-19

“...eligió entre ellos a doce, para que lo acompañaran...”.

Sábado:  Hb 9,2-3.11-14 / Sal 47 (46) / Mc 3,20-21

“...decían que se había vuelto loco”.

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