fracasólaCruzWebUna cruz colgando del pecho es un adorno piadoso frecuente y aceptado entre la gente de nuestra cultura, un símbolo religioso. Pero no siempre fue así. En los tiempos del Imperio Romano era un instrumento de tortura, de miedo, usado para la ejecución de asesinos, rebeldes y bandidos. Cuando Jesús de Nazaret atravesó la ciudad de Jerusalén cargando una cruz junto a otros condenados, no había nada de adorno o de religioso en esos troncos rudos de madera donde serían clavados, colgados y asesinados. Los mismos discípulos seguidores de Jesús sintieron que aquel día, con su cuerpo muerto colgando de una cruz, había fracasado su proyecto del Reino, de un reino de amor, justicia y fraternidad. La victoria parecía estar del lado de un sistema injusto y mentiroso que sabía muy bien cómo manipular multitudes para repudiar a sus víctimas, corear sus consignas de muerte en medio de la plaza y apoyar sus ejecuciones.

En el contexto de la fiesta de la Exaltación de la Cruz, el Papa Francisco recordó a los miles de fieles y peregrinos reunidos en la plaza de San Pedro en Roma que “nosotros no exaltamos una cruz cualquiera, o todas las cruces; nosotros exaltamos la cruz de Jesús, porque en ella se ha revelado al máximo el amor de Dios por la humanidad.”

La cruz comenzó a ser un símbolo de victoria a partir de la muerte de Jesús, porque en esa misma cruz en que el mal se extrema excluyendo, maldiciendo, condenando, manipulando, asesinando de manera pública y vergonzosa, colgando a un inocente, Jesús resiste sin entrar en la lógica destructora de sus enemigos. Jesús permanece amando, sirviendo y perdonando sin venganzas ni exclusiones.

La experiencia de la Resurrección de este Jesús que había sido crucificado, confirmó a los discípulos que el camino ya estaba claro, ya estaba abierto. Un camino de amor y libertad que, al ser un camino de extrema fragilidad, es más fuerte que todas las nuevas versiones históricas del poder y del mal, más fuerte que todos los odios y las muertes.

San Pablo entendió este misterio con sencillez y profundidad cuando compartió con la comunidad de Corinto esta manera radicalmente nueva de entender la presencia y la fuerza de Dios en la historia:
“…mientras los judíos piden señales y los griegos buscan sabiduría, nosotros predicamos a un Cristo crucificado: escándalo para los judíos, necedad para los gentiles; mas para los llamados, lo mismo judíos que griegos, un Cristo, fuerza de Dios y sabiduría de Dios. Porque la necedad divina es más sabia que la sabiduría de los hombres, y la debilidad divina, más fuerte que la fuerza de los hombres.” (1 Corintios 1, 22-25).

Por esta razón, nosotros los cristianos rezamos y bendecimos con el signo de la cruz. Allí encontramos la clave de todo nuestro programa de vida, el misterio del amor que hemos recibido, la fuerza para permanecer y resistir con esperanza.

Ora con la Palabra

 

Domingo 11 de agosto: XIX del Tiempo Ordinario

 

Lc 12,32-48

“...donde está tu tesoro, allí estará también tu corazón”.

Lunes: Dt 10,12-22 / Sal 147 (146-147) / Mt 17,22-27

“...Entonces los hijos no pagan”.

Martes:  Dt 31,1-8 / Interlec. Dt 32,3-12 / Mt 18,1-5.10.12-14

“...ésta le dará más alegría...”.

Miércoles:  Dt 34,1-12 / Sal 66 (65) / Mt 18,15-20

“...allí estoy yo, en medio de ellos”.

Jueves: Solemnidad de la Asunción de la Virgen María
Ap 11,19a;12,1.3-6a.10ab / Sal 45 (44) / 1 Co 15,20-27a / Lc 1,39-56

“...iBendita tú eres entre las mujeres...”.

Viernes:  Js 24,1-13 / 136 (135) / Mt 19,3-12

“...lo que Dios ha unido, no lo separe el hombre”.

Sábado: Js 24,14-29 / Sal 16 (15) / Mt 19,13-15

“...no les impidan que vengan a mí...”.

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