mujeresIglesiaWebLas mujeres siempre han estado presentes en la Iglesia. Se han destacado como creyentes y seguidoras de Jesús, testigos de la fe, la esperanza y el amor. Los antiguos rabinos y maestros judíos no las admitían como discípulas, pero Jesús aceptó que lo siguieran y sirvieran. Es reconocido como Mesías, Maestro y Señor por ellas: María de Nazaret, María de Magdala, Marta y María de Betania, entre muchas otras (samaritana, sirio-fenicia, hemorroísa).

Según, los relatos evangélicos de seguimiento María Magdalena, Juana, Susana, etc., siguen a Jesús y lo sirven (cf. Mc 15, 40 ss; Lc 8, 1-3. 21). Son testigos de su muerte y anuncian la resurrección (cf. Jn 20, 19 ss; Lc 24, 8-10). La mujer samaritana escucha y anuncia (Jn 4, 1ss). Marta y María de Betania aparecen orantes y servidoras, creyentes y amigas, activas y contemplativas (Jn 11, 1ss; 12, 1ss; Lc 10, 38-42).

San Pablo escribe: “ya no hay judío ni griego; ni esclavo ni libre; ni hombre ni mujer. Todos ustedes son uno en Cristo Jesús” (Gál 3, 28). El Apóstol de los gentiles habla del diácono Felipe que “tenía cuatro hijas vírgenes con el don de la profecía” (Hch 21, 9); de la diaconisa Febe de la comunidad de Cencreas (cf. Rom 16,1); de mujeres que  profetizan bajo la influencia del Espíritu Santo.

El modelo supremo de discípula y misionera es María de Nazaret, pero María de Magdala también ocupa un lugar especial. Ella fue liberada por Jesús de una grave enfermedad (Lc 8, 2); se entregó a la causa del Maestro, lo acompaña, lo sigue y sirve con sus bienes (Lc 8, 2-3); permanece junto a él en la crucifixión (Mc 15,40); está presente en el descendimiento y la sepultura (Mc 15,47); va en la madrugada del domingo al sepulcro (Mc 16,1); se encuentra con Jesús resucitado, escucha su nombre y reconoce al Maestro, quien la envía como testigo a comunicar la noticia a los apóstoles (Mt 28, 9-10).

Santo Tomás de Aquino la llamó “apóstol de los apóstoles”. Ella vio y anunció; escuchó el mensaje y lo proclamó; se sintió perdonada y amó; descubrió el camino y fue guía; conoció al Señor y fue su discípula; convocó a la comunidad dispersa; creyó, esperó y amó a su Maestro. Estas mismas actitudes están presentes en las mujeres creyentes. Su genio femenino les permite observar, intuir y hacer. Con la Palabra de profecía y sabiduría son maestras de la Verdad. Saben escuchar al Señor amado y a la gente del pueblo y llegan, con su testimonio, a dar esperanza donde existe temor.

La visibilidad pública de la mujer en la Iglesia puede cambiar según los tiempos y lugares, pero permanecerán sus actitudes de creyentes y discípulas, seguidoras y testigos, profetisas y diaconisas, sabias y amantes, convocadoras y consejeras, servidoras, misioneras y maestras. Su mejor carta de presentación es la libertad y dignidad de su filiación divina.

Ora con la Palabra

 

Domingo 15 de septiembre: XXIV del Tiempo Ordinario

 

Lc 15,1-32

“...estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido encontrado”

Lunes: 1 Tim 2,1-8 / Sal 28 (27) / Lc 7,1-10

“...ni siquiera en Israel he hallado una fe tan grande”.

Martes:  1 Tim 3,1-13 / Sal 101 (100) / Lc 7,11-17

“...Es un gran profeta el que nos ha llegado”.

Miércoles:  1 Tim 3,14-16 / Sal 111 (110) / Lc 7,31-35

“...la reconocen en su manera de actuar”.

Jueves:  1 Tim 4,12-16 / Sal 111 (110) / Lc 7,36-50

“...Tu fe te ha salvado, vete en paz”.

Viernes:  1 Tim 6,2c-12 / Sal 49 (48) / Lc 8,1-13

“...ustedes tienen oídos para oír”.

Sábado: Ef 4,1-7.11-13 / Sal 19 (18) / Mt 9,9-13

“...Me gusta la misericordia más que las ofrendas”.

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