acompañarEucaristiaWebDurante los últimos años, muchas personas se acercan a la Iglesia con un sincero deseo de crecer en su participación comunitaria y especialmente en la vida sacramental. Sin embargo, algunas participan en las misas, pero no reciben el Cuerpo y la Sangre del Señor Jesús. Unas, por respeto, al creer tener impedimentos para hacerlo; otras, por no haber descubierto aún el sentido pleno de la eucaristía. ¿Cómo puede, entonces, una comunidad facilitar el encuentro con Jesús en la eucaristía a quienes asisten a misa sin comulgar? ¿Qué obstáculos hay? ¿Qué está faltando en términos de motivación, de evangelización u otro motivo?

El Papa Francisco nos abre camino para responder. Muchos entienden que por vivir maritalmente sin estar casados por la Iglesia, o haberse divorciado después de haber recibido el sacramento del matrimonio y estar casados de nuevo civilmente, están excluidos de la comunión. Aunque en principio esta opinión se corresponde con lo que se acostumbra hacer en nuestras comunidades, es importante recordar que “la Misericordia, siempre inmerecida, incondicional y gratuita” es la viga maestra que sostiene la vida de la Iglesia. Cada persona merece ser acompañada en un discernimiento personal y pastoral responsable, y ser informada de que hay quienes están disponibles en la Iglesia para ayudarla a analizar y discernir su situación particular.

No  existen  recetas sencillas, pero el camino de la Iglesia es “no condenar a nadie para siempre”. Ninguno está “excomulgado”; todos pueden ser reintegrados a la comunidad cristiana en las diversas formas posibles, evitando el escándalo, pero caminando hacia la superación de las exclusiones.

Cuando hay rupturas en el vínculo matrimonial, nos dice el Papa en “La Alegría del Amor” (nº 291), la Iglesia “mira con amor a quienes participan en su vida de modo incompleto, reconociendo que la gracia de Dios también obra en sus vidas (…) Aunque siempre propone la perfección e invita a una respuesta más plena a Dios, debe acompañar con atención y cuidado a sus hijos más frágiles, marcados por el amor herido y extraviado, dándoles de nuevo confianza y esperanza…”

A veces no se ve que Jesús se hace presente y se nos entrega de manera especial en la eucaristía. Al repetir lo que hizo en su Última Cena, no sólo revivimos el memorial de su entrega por todos, sino que aceptamos su invitación a participar de su mesa y de su misión, a alimentarnos de su recuerdo y de su persona. Quiere acompañarnos y sostener nuestra esperanza, dándonos fuerzas para hacer verdad el Reino de Dios en nuestro mundo. La presencia real del Señor Resucitado en la eucaristía nos da la gracia para vivir la misión del cristiano. Misión que el Padre Dios le dio a Jesús y que Él comparte con nosotros.

Como comunidades de fe, propongámonos acompañar a cada persona en su proceso de acercamiento a Jesús y discernir con ella las posibilidades de recibirlo sacramentalmente en la eucaristía y valorar ese regalo que Él nos hace.

Ora con la Palabra

 

Domingo 1 de marzo: I de Cuaresma

 

Mt 4,1-11

“...Adorarás al Señor tu Dios, y a Él solo servirás”.

Lunes:  Lv 19,1-2.11-18 / Sal 19 (18) / Mt 25,31-46

“Todas las naciones serán llevadas a su presencia...”.

Martes:  Is 55,10-11 / Sal 34 (33) / Mt 6,7-15

“...su Padre ya sabe lo que necesitan”.

Miércoles:  Jon 3,1-10 / Sal 51 (50) / Lc 11,29-32

“...será una señal para esta generación”.

Jueves:  Est 14,1.3-5.12-14 / Sal 138 (137) / Mt 7,7-12

“Pidan y se les dará...”.

Viernes:  Ez 18,21-28 / Sal 130 (129) / Mt 5,20-26

“...no saldrás de allí hasta que hayas pagado...”.

Sábado: Dt 26,16-19 / Sal 119 (118) / Mt 5,43-48

“...Él hace brillar su sol sobre malos y buenos...”.

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