evangelioJuanWebTodos los evangelios son, en primer término, una predicación en forma de relato histórico; porque su interés principal es suscitar la fe en Jesús. Ahora bien, si esto es verdad para todos los evangelios, lo es de un modo singular en el caso del evangelio de Juan, que estaremos leyendo en este tiempo pascual hasta Pentecostés.

En los evangelios sinópticos –Mateo, Marcos y Lucas– el Reino es el tema central de la predicación de Jesús. Basta recordar la gran cantidad de parábolas con las que ilustra esa realidad misteriosa que Él llama “Reino”. Y no solo las parábolas, pues sus milagros y gestos son vistos también como irrupciones de ese Reino.

¿Sucede lo mismo en el evangelio de Juan? Pues no. En este, Jesús no habla del Reino, sino de su persona; predica y da testimonio de sí.
¿Cómo se explica esto? ¿Es que el Jesús que vivió en la historia hablaba de su propia persona? No, en el evangelio de Juan las palabras en su boca son las palabras que expresan la fe de la comunidad cristiana en Jesús resucitado. Si no fuera así, no se entendería por qué afirmaciones tan importantes como “Yo soy la Resurrección y la Vida”, “Yo soy la Luz del mundo”, no aparecen en ningún otro evangelio.

Es la reflexión de la comunidad, ayudada por el Espíritu, la que va descubriendo el misterio de la persona de Jesús. Lo que dice la comunidad es lo que ahora dice el Resucitado a través de su Espíritu. Por esto, también para nosotros leer este evangelio es escuchar lo que nos dice ahora el Resucitado y que no lo dijo el Jesús histórico de sí mismo, porque no hubiese sido entendido. Era necesario morir y resucitar, y dejar que el Espíritu trabajase en el corazón y la mente de sus discípulos, para revelar a las futuras generaciones la riqueza de su personalidad divina.

En los evangelios sinópticos, Jesús es juzgado y condenado después de ser apresado en el huerto de los olivos. En cambio, en nuestro evangelio, el proceso contra Jesús se da mucho antes de la pasión. Se puede decir que toda su vida pública se halla situada en un clima verdaderamente judicial, en el que los judíos le piden cuentas de su actuación, lo persiguen para juzgarlo, lo declaran culpable, hasta que finalmente lo arrestan y consiguen del gobernador romano la sentencia de muerte. Sin embargo, paralelamente al proceso anterior, hay en este evangelio un proceso de Jesús contra los que creen poder juzgarlo; pues cuando los judíos creen haber vencido, el lector sabe que la victoria es de Él.

El capítulo 20 termina diciendo: “Otras muchas señales milagrosas hizo Jesús en presencia de sus discípulos, pero no están escritas en este libro”. Nosotros podríamos decir: lo que hemos presentado sobre este evangelio son sólo unas pocas pinceladas para que nos animen a leerlo y profundizarlo, de tal manera que crezca nuestra fe en Jesús y, creyendo, tengamos “vida en su nombre”.

Ora con la Palabra

 

Domingo 14 de agosto: XX del Tiempo Ordinario

 

Lc 12,49-53

“No he venido a traer paz, sino división”.

Lunes: Solemnidad de la Asunción de la Virgen María
Ap 11,19a;12,1-6a.10ab/ Sal 45(44)/ 1Cor 15, 20-27a

“Primero Cristo como primicia; después todos los que son de Cristo”

Martes:  Ez 28,1-10/ Interleccional Dt 32/ Mt 19, 23-30

“Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja,
que a un rico entrar en el reino de Dios”

Miércoles: Ez 34,1-11/ Sal 23(22)/ Mt 20,1-16

“¿Vas a tener tú envidia porque soy yo bueno?”

Jueves: Ez 36,23-28/ Sal 51(50)/ Mt 22,1-14

“A todos los que encuentren convídenlos a la boda”.

Viernes: Ez 37,1-14/ Sal 107(106)/ Mt 22,34-40

“Amarás al Señor tu Dios y a tu prójimo como a ti mismo ”

Sábado: Ez 43,1-7a/ Sal 85(84)/ Mt 23,1-12

“No hacen lo que dicen”

Suscripción al boletín

Si desea recibir la publicación en formato digital, solicítelo a la dirección: vidacristianaencuba@gmail.com.