exconcienciaWebDicen que todo inicio es una nueva oportunidad. Si tal es el caso, los católicos tenemos diariamente esa posibilidad con el “examen de conciencia”, ejercicio vital para mantener saludable la vida interior y garantizar que podamos caminar rectamente hacia Dios. Porque de esto se trata, de llegar a la plena unión con Él y estar algún día en Su presencia para siempre. Pero esto no lo podremos lograr si lo rechazamos con nuestras acciones, pensamientos y palabras, en resumen, con el pecado.

El pecado nos aleja de Dios, de nuestro prójimo y de nosotros mismos; mientras más pecamos, más desconocemos nuestra esencia humana. El pecado existe y lo podemos cometer cada día, en ocasiones sin “darnos cuenta”, porque se puede haber llegado a naturalizar lo malo. Es aquí donde interviene el examen de conciencia. Este ejercicio, que por experiencia sé que es beneficioso hacer diariamente, nos permite tomar conciencia y reconocer, en su raíz, el mal que estamos haciendo. Mientras más se realice, más nos ayudará y más fácil nos será identificar nuestro pecado.

Conscientes del mal cometido podemos entonces ir a reconciliarnos con Dios en la “confesión”, porque a eso nos conduce este examen. No es una práctica racional donde se evalúa lo bueno y lo malo hecho en el día; es un ejercicio que involucra a todo el ser para que se duela y arrepienta de cada acto ofensivo cometido. Así, entonces, con firme propósito de enmienda, podrá ir, pedir perdón y reparar el mal causado. Tampoco es una práctica exclusivamente individual, ya que sus consecuencias afectan positivamente a los que están a nuestro alrededor. Por estas cuestiones es siempre un comienzo, una nueva oportunidad.

Reitero, esta oportunidad nunca será auténtica ni suficiente sin vivir el sacramento de la Reconciliación. Un cristiano que haga el examen de conciencia sin llegar al sacramento es como una boya en el mar: se queda en la superficie. El examen llega a su culmen con la confesión hecha únicamente delante de un sacerdote, puesto que es allí donde humildemente reconocemos en voz alta nuestra fragilidad y donde Dios derrama su gracia sobre nosotros. No confesarse es seguir pecando de soberbia, como si cada uno pudiera con sus propias fuerzas enmendarse.

Aquel católico que practique el examen de conciencia diariamente, parafraseando a San José María Escrivá, ha de ir derechamente a adquirir una virtud o a arrancar el defecto que lo domina. Además, gana en sensibilidad, en humildad y en amor a Dios. La confesión, realizada al menos mensualmente, limpia el alma y nos une más al Padre. Que esta Cuaresma sea un nuevo comienzo.

Ora con la Palabra

 

Domingo 31 de mayo: Solemnidad de Pentecostés

 

Jn 20,19-23

“...sopló sobre ellos y les dijo: Reciban el Espíritu Santo...”.

Lunes: Santa María, Madre la Iglesia
 
Hch 1,12-14 / Interl. Jdt 13,18bcde.19 / Jn 19,25-27

“..ánimo, yo he vencido al mundo”.

Martes:  2 P 3,12-15a. 17-18 / Sal 90 (89) / Mc 12,13-17

“...a Dios, lo que corresponde a Dios”.

Miércoles:  2 Tim 1,1-3.6-12 / Sal 123 (122) / Mc 12,18-27

“...no es un Dios de muertos, sino de vivos”.

Jueves: Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote 
Gn 14,18-20 / Sal 110 (109,1.2.3.4) /1 Co 11,23-26 / Lc 9,11b-17

“Todos comieron hasta saciarse”.

Viernes:  2 Tim 3,10-17 / Sal 119 (118) / Mc 12,35-37

“Mucha gente acudía a Jesús...”.

Sábado:  2 Tm 4,1-8 / Sal 71 (70) / Mc 12,38-44

“...no tenía más, y dio todos sus recursos”.

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