diaconosWebLa relación entre la fe y la razón fue siempre un tema de máxima importancia para Agustín, quien, después de un largo trabajo intelectual y pastoral, la resume en el famoso aforismo "cree para entender y entiende para creer" (Sermón 43). Como hizo notar el santo Papa Juan Pablo II en su carta apostólica Agustín de Hipona, publicada el 28 de agosto de 1986 en el XVI centenario de la conversión de San Agustín, "el esfuerzo intelectual y pastoral de Agustín fue de demostrar, sin sombra de duda, que «las dos fuerzas que nos permiten conocer» deben colaborar conjuntamente". Es por eso que "Agustín escuchó a la fe, pero no exaltó menos a la razón, dando a cada cual su propio primado o de tiempo o de importancia".

En La utilidad de la fe, obra del joven convertido, Agustín presenta la fe como la medicina, destinada a curar el ojo del espíritu, y fortaleza inexpugnable contra el error. En La predestinación de los santos, obra de su madurez, confiesa que "la fe, si lo que se cree no se piensa, es nula". Para él "la fe purifica el corazón para que capte la luz de la gran razón" (Carta 120), mientras que "la intelección [el trabajo de la razón] es la recompensa de la fe" (Sermón 126).

Una mente positivista, empirista y materialista considerará esta doctrina agustiniana absurda y sin sentido. Hay que decir que esas maneras de pensar parten de un principio metodológico que no es el de San Agustín. El discurso filosófico agustiniano sobre la relación mutua y dialogal entre la fe y la razón es la consecuencia lógica de su actitud profundamente existencial frente al misterio de Dios hecho hombre y del hombre hecho capaz de Dios. En el misterio de la Encarnación, el Dios inefable que ningún concepto puede expresar adecuadamente, se reveló al hombre en su Hijo Jesucristo. Es en este que se comprende la racionalidad de la fe, pues la Palabra (Verbum) hecha carne es ahora el camino, la verdad y la vida del hombre caído y redimido que se encamina hacia su patria, la Vida eterna, donde la fe se transformará en la posesión plena del verdadero conocimiento.

Por otro lado, al escrutar su propio misterio, el hombre descubre que a nivel de su pura humanidad él vive también de la fe. Pues... "¿quién no ve la gran perturbación, la confusión espantosa que vendrá si de la sociedad humana desaparece la fe? (...) Si no creemos lo que no vemos (...) es imposible la vida social" (De la fe en lo que no se ve).

Solo una inteligencia libre de prejuicios ideológicos, y que humildemente aceptara comprometerse con el misterio de Dios y el del hombre, comprendería la grandeza de la verdadera relación entre la fe y la razón y gozaría de su mutua colaboración.

Ora con la Palabra

 

Domingo 15 de septiembre: XXIV del Tiempo Ordinario

 

Lc 15,1-32

“...estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido encontrado”

Lunes: 1 Tim 2,1-8 / Sal 28 (27) / Lc 7,1-10

“...ni siquiera en Israel he hallado una fe tan grande”.

Martes:  1 Tim 3,1-13 / Sal 101 (100) / Lc 7,11-17

“...Es un gran profeta el que nos ha llegado”.

Miércoles:  1 Tim 3,14-16 / Sal 111 (110) / Lc 7,31-35

“...la reconocen en su manera de actuar”.

Jueves:  1 Tim 4,12-16 / Sal 111 (110) / Lc 7,36-50

“...Tu fe te ha salvado, vete en paz”.

Viernes:  1 Tim 6,2c-12 / Sal 49 (48) / Lc 8,1-13

“...ustedes tienen oídos para oír”.

Sábado: Ef 4,1-7.11-13 / Sal 19 (18) / Mt 9,9-13

“...Me gusta la misericordia más que las ofrendas”.

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