consagracionWebNos hemos fijado ya en catequesis precedente en tres elementos iniciales de la Plegaria eucarística relacionados con la acción de gracias y la bendición: el Prefacio, como expresión de agradecimiento; el canto del Sanctus, como expresión de alabanza con toda la creación, con los ángeles, los santos y los difuntos; y después del Sanctus, se prosigue la alabanza y se reconoce las maravillas de la acción de Dios en su Historia de Salvación.

Después de narrar tales maravillas, aparece un cuarto elemento en las Plegarias eucarísticas que corresponde a la súplica. Se implora al Padre para que envíe al Espíritu Santo (primera epíclesis o invocación) y transforme las ofrendas: "Santifica estos dones con el rocío de tu Espíritu [...] para que sean el Cuerpo y la Sangre de Nuestro Señor Jesucristo". Posteriormente se introduce el quinto elemento que es la narración de la institución, que es inseparable de la epíclesis, en vistas a la "transustanciación" o transformación de los dones presentados, pan y vino.

Esta transformación de las ofrendas está ordenada hacia la asamblea cultual y para la comunión con Cristo y con los hermanos. La consagración es como el corazón de la Plegaria eucarística, pero está relacionada con todos los demás elementos, así como el corazón está integrado con los demás órganos. Así pues, a la monición del celebrante -"Este es el sacramento de nuestra fe"- la asamblea interviene con una aclamación: "Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección, ven Señor Jesús".

El sexto elemento es la ofrenda del memorial (anámnesis) eucarístico. "Así, pues, Padre, al celebrar ahora el memorial de la muerte y resurrección de tu Hijo, te ofrecemos el pan de vida y el cáliz de salvación, y te damos gracias porque nos haces dignos de servirte en tu presencia" (Plegaria II). Cumplimos el mandato del Señor ("hagan esto en memoria mía") y ofrecemos al Padre su propio Hijo: memorial y ofrenda como dos elementos inseparables.

El séptimo elemento es la segunda epíclesis (súplica, invocación) para la transformación de quienes participan en la asamblea: "Te pedimos humildemente que el Espíritu Santo congregue en la unidad a cuantos participamos del Cuerpo y Sangre de Cristo". El comulgar el Cuerpo sacramental de Cristo conlleva la transformación del cuerpo místico eclesial. La comunión con el Cuerpo y la Sangre supone la unidad y amor entre los fieles para formar un solo Cuerpo. Si comulgamos es para nuestra transformación, pues la presencia real de Cristo en las sagradas especies requiere adoración y contemplación, pero especialmente se nos da como alimento.

Ora con la Palabra

 

Domingo 14 de agosto: XX del Tiempo Ordinario

 

Lc 12,49-53

“No he venido a traer paz, sino división”.

Lunes: Solemnidad de la Asunción de la Virgen María
Ap 11,19a;12,1-6a.10ab/ Sal 45(44)/ 1Cor 15, 20-27a

“Primero Cristo como primicia; después todos los que son de Cristo”

Martes:  Ez 28,1-10/ Interleccional Dt 32/ Mt 19, 23-30

“Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja,
que a un rico entrar en el reino de Dios”

Miércoles: Ez 34,1-11/ Sal 23(22)/ Mt 20,1-16

“¿Vas a tener tú envidia porque soy yo bueno?”

Jueves: Ez 36,23-28/ Sal 51(50)/ Mt 22,1-14

“A todos los que encuentren convídenlos a la boda”.

Viernes: Ez 37,1-14/ Sal 107(106)/ Mt 22,34-40

“Amarás al Señor tu Dios y a tu prójimo como a ti mismo ”

Sábado: Ez 43,1-7a/ Sal 85(84)/ Mt 23,1-12

“No hacen lo que dicen”

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