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Para que el mensaje de la Palabra de Dios se haga efectivo tiene que ser comprendido por la cultura de quien escucha y reconocido por las imágenes, los signos, las expresiones lingüísticas y modelos de comunicación que se emplean. El misterio de la fe que se realiza en la Misa ha de ser comprendido por los fieles mediante ritos, oraciones y explicaciones adecuadas (cf. SC 48).
Desde los primeros tiempos de la Iglesia, los ministros hacían catequesis "mistagógicas" para explicar los sacramentos. Explicaban el bautismo y la eucaristía a los catecúmenos y neófitos durante la cuaresma y el tiempo de pascua. Lo hacían a partir de los signos y gestos
empleados. Celebraban y enseñaban lo que creían al mismo tiempo. Eran "mistagogos" más que instructores, conducían a los fieles hacia los sacramentos para celebrarlos y vivirlos. Oraban y celebraban los misterios para poder creer y vivir (lexorandi, lexcredendi).
La comprensión de los signos sagrados nos exige salir del espacio y tiempo profano para entrar en un espacio y tiempo sagrado propio del misterio, como experimentó Moisés frente a la zarza que ardía sin consumirse (cf. Ex 3,5-6). Ambos ámbitos, sagrado y profano, son necesarios y se complementan sin confundirse. Los signos y símbolos están presentes en todos los ámbitos de la vida. En la liturgia, especialmente en la Eucaristía, se emplean signos rituales (objetos y gestos) observados por la vista, y signos verbales (preces, palabras y oraciones) que se perciben por el oído.
Signos-objetos son: la cátedra del presidente, el leccionario y el ambón; el altar, el misal, el pan, el vino, el agua, la patena, el cáliz y demás vasos sagrados.
Signos-gestos son: la reunión de la asamblea, la procesión de los ministros hacia el altar, el caminar del lector hacia el ambón, las posturas corporales, la lectura del evangelio, la profesión de fe, la oración de los fieles, la proclamación de la plegaria eucarística, golpearse el pecho, abrir los brazos para orar, realizar la señal de la cruz, extender las manos sobre el pan y el vino para invocar, levantar los brazos para bendecir, elevar las ofrendas para aclamar, etc.
Signos-palabras son: las frases y oraciones que aclaran o precisan los signos no verbales. Por ejemplo: el saludo del presidente, las respuestas de los fieles, la proclamación de las lecturas, la respuesta orante y suplicante de la comunidad (salmo responsorial y oración de los fieles), la plegaria eucarística, el padre nuestro, etc.
Estos signos nos permiten profundizar la fe que profesamos e introducirnos en los misterios que celebramos y vivimos. La nueva evangelización en la escuela de la Iglesia requiere orar y dar testimonio de nuestra oración a partir de la liturgia y por medio de ella.

Ora con la Palabra

 

Domingo 10 de noviembre: XXXII del Tiempo Ordinario

 

Lc 20,27-38

“Él no es Dios de muertos, sino de vivos, y todos viven por Él”.

Lunes: Sb 1,1-7 / Sal 139 (138) / Lc 17,1-6

“...si se arrepiente, perdónalo”.

Martes:  Sb 2,23 al 3,9 / Sal 34 (33) / Lc 17,7-10

“...Somos servidores no necesarios...”.

Miércoles:  Sb 6,1-12 / Sa 82 (81) / Lc 17,11-19

“...Levántate y vete; tu fe te ha salvado”.

Jueves:  Sb 7,22 al 8,1 / Sal 119 (118) / Lc 17,20-25

“...antes tiene que sufrir mucho y ser rechazado...”.

Viernes:  Sb 13,1-9 / Sal 19 (18) / Lc 17,26-37

“El que intente guardar su vida la perderá...”.

Sábado:  Sb 18,14-16; 19,6-9 / Sal 105 (104) / Lc 18,1-8

“...les hará justicia, y lo hará pronto”.

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