atenasRafaelloPabloWeb"¿Qué es la Verdad?" Esta es la pregunta que Pilatos formula a Cristo, quien antes había dicho: "Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad" (Jn 18, 37-38). Años más tarde, Pablo, en el Areópago, encuentra a los griegos, representantes de esa cultura que nos ha legado la filosofía, el "amor por la verdad". En ambas situaciones las reacciones son parecidas: Pilatos pregunta a Cristo y da media vuelta sin esperar respuesta; los griegos toman a broma a Pablo y lo dejan plantado.

Estas anécdotas nos llevan a pensar que la verdad, aunque existe, no se impone por sí misma. A menudo solo quedan la opinión y el poder para imponerla con azotes o con la televisión y el internet. El problema es si podemos hacer caso omiso de preguntas como estas: ¿existen la verdad, la felicidad, la justicia? ¿Es posible alcanzarlas?

Han pasado casi dos mil años desde que Jesús estuviera en el pretorio con Pilatos y Pablo en el Areópago con los atenienses, Sin embargo, hoy como pocas veces antes, la respuesta parece ser: "¡No! ¡No existe la Verdad! Y, aunque existiera, no la podemos alcanzar; mejor dediquémonos a sobrevivir en el día a día".

El anuncio del cristianismo, que es tarea de los cristianos en el mundo, es exactamente lo contrario: proclamar que "¡La Verdad existe, que es un Hombre que está entre nosotros!"

El cristianismo es el anuncio de que la Verdad ha decidido alcanzarnos y ponerse al servicio de todos, para tener la certeza de que los eventos cotidianos, aunque sean dolorosos, tienen un destino bueno.

El anuncio de Pablo en el Areópago de "¡Ha resucitado!" (Hch 17, 32), significa que la desesperanza, el dolor y la enfermedad son vencidos, no con un discurso o con artes de magia, sino por Su compañía.No le corresponde a Jesús y a la Iglesia resolver nuestros problemas, sino acompañarnos para que tengamos una postura verdadera ante nosotros mismos y ante nuestra existencia, para encontrar el punto más sólido; pues dependemos de Dios, que es Misericordia.

En el Evangelio hay un episodio iluminador desde este punto de vista: "Uno de la gente le dijo: Maestro, di a mi hermano que reparta la herencia conmigo. Él le respondió: ¡Hombre! ¿Quién me ha constituido juez entre ustedes? Y les dijo: Miren: guárdense de toda codicia porque, aun en la abundancia, la vida de uno no está asegurada por sus bienes" (Lc. 12, 13-15). Jesús declara decididamente que no le toca resolver esa cuestión; lo que le corresponde es indicar que el problema es la codicia, que posiblemente habitaba en el corazón de ambos hermanos: "¡tu vida no depende de tus bienes!"

Cristo y la Iglesia nos solicitan que asumamos la actitud adecuada para que todo se pueda afrontar con verdad y más eficazmente.

Ora con la Palabra

 

Domingo 23 de febrero: VII del Tiempo Ordinario

 

Mt 5,38-48

“...Él hace brillar su sol sobre malos y buenos...”.

Lunes:  St 3,13-18 / Sal 19 (18) / Mc 9,13-28

“...lo tomó de la mano y le ayudó a levantarse...”.

Martes:  St 4,1-10 / Sal 55 (54) / Mc 9,29-36

“...El Hijo del Hombre va a ser entregado…”.

Miércoles de Ceniza:  Jl 2,12-18 / Sal 51 (50) / 2 Co 5,20 al 6,2 / Mt 6,1.6.16-18

“...tu Padre que ve en lo secreto, te premiará”.

Jueves:  Dt 30,15-20 / Sal 1 / Lc 9,22-25

“...Si alguno quiere seguirme, que se niegue a sí mismo...”.

Viernes:  Is 58,1-9a / Sal 51 (50) / Mt 9,14-15

“Llegará el tiempo en que el novio les será quitado...”.

Sábado: Is 58, 9b-14 / Sal 86 (85) / Lc 5,27-32

“No he venido para llamar a los buenos...”

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