tiempoPascualWebEl año litúrgico, toda la liturgia cristiana, tiene su centro en el misterio pascual de Cristo. La Pascua es la gran fiesta que se renueva cada domingo: "La iglesia celebra el misterio pascual cada ocho días, en el día que es llamado, con razón, Día del Señor o Domingo" (Conc. Vaticano II, SC 106). Todas las demás celebraciones y fiestas tienen su eje en la Pascua, el triunfo de Jesús sobre la muerte por su resurrección. La pascua tiene un significado de triunfo y alegría, de vida y esperanza: "Este es el día en que actuó el Señor, sea nuestra alegría y nuestro gozo. Aleluya. Den gracias al señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia" (S 117).

Este espíritu de gozo y alegría, que inicia con la Vigilia Pascual, no acaba el día de Pascua, sino que permanece durante todo el tiempo pascual y se prolonga hacia todos los domingos y fiestas de todo el año litúrgico. Por eso, los cristianos somos alegres: tenemos la vocación de vivir con gozo pascual y de cargar la cruz iluminados por la luz de la esperanza en la resurrección.

En particular, la cincuentena pascual (siete semanas después de Pascua) es un tiempo de gozo, porque están recientes los destellos y ecos alegres de la resurrección de Cristo. Los siete domingos nos invitan al júbilo luminoso por el sepulcro vacío (Pascua), por la misericordia divina (segundo domingo), por el anuncio alegre de los discípulos y misioneros (tercer domingo), por el seguimiento gozoso del Buen Pastor (cuarto domingo), por la presencia de Cristo como Camino, Verdad y Vida (quinto domingo), por la gozosa espera del Espíritu Consolador (sexto domingo) por las aclamaciones jubilosas en la Ascensión (séptimo domingo), hasta llegar al gozo pleno el domingo de Pentecostés.

Este recorrido pascual es una propuesta de vida cristiana, un itinerario basado en la esperanza y el gozo. Somos peregrinos, pero sabemos que caminamos hacia una meta segura. Nuestro fin es conocido: está en el Monte del gozo junto a Cristo resucitado, que asciende al cielo, y en la gloria del Padre, meta final y patria definitiva.

Durante el tiempo de Pascua resuena en nuestra liturgia, con especial júbilo y entusiasmo, el canto de Aleluya. Siempre es justo y necesario alabar al Señor, pero se hace imperativo cantar durante ese tiempo porque Él hizo proezas. Él triunfó sobre la muerte y el pecado. Cristo resucitado es el cimiento de nuestra fe y de nuestra esperanza: "Si Cristo no ha resucitado, vana es nuestra fe". Su resurrección es el fundamento y el motivo de nuestra alegría. Nos ha salvado y estamos alegres.

En definitiva, el domingo de Pascua o Resurrección se prolonga como un solo día de alegría sobre las siete semanas del tiempo pascual; y proyecta su luz jubilosa hacia todos los domingos del año. De ahí el carácter festivo y alegre de nuestra fe cristiana.

Ora con la Palabra

 

Domingo 1 de marzo: I de Cuaresma

 

Mt 4,1-11

“...Adorarás al Señor tu Dios, y a Él solo servirás”.

Lunes:  Lv 19,1-2.11-18 / Sal 19 (18) / Mt 25,31-46

“Todas las naciones serán llevadas a su presencia...”.

Martes:  Is 55,10-11 / Sal 34 (33) / Mt 6,7-15

“...su Padre ya sabe lo que necesitan”.

Miércoles:  Jon 3,1-10 / Sal 51 (50) / Lc 11,29-32

“...será una señal para esta generación”.

Jueves:  Est 14,1.3-5.12-14 / Sal 138 (137) / Mt 7,7-12

“Pidan y se les dará...”.

Viernes:  Ez 18,21-28 / Sal 130 (129) / Mt 5,20-26

“...no saldrás de allí hasta que hayas pagado...”.

Sábado: Dt 26,16-19 / Sal 119 (118) / Mt 5,43-48

“...Él hace brillar su sol sobre malos y buenos...”.

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