acolitosWebUna respuesta directa con un sí o un no sería caer en la simplicidad y pobreza. No ayudaría a entender en su totalidad la riqueza del planteamiento. Trataré de explicarlo.

El 25 de marzo de 2004 la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos entrega a la Iglesia en su servicio universal una instrucción: "Redemptionis Sacramentum". Este documento aborda algunas temáticas que se deben observar o evitar en la celebración de la Santa Misa.

(45.) Se debe evitar el peligro de oscurecer la complementariedad entre la acción de los clérigos y los laicos, para que las tareas de los laicos no sufran una especie de "clericalización", como se dice, mientras los ministros sagrados asumen indebidamente lo que es propio de la vida de los fieles laicos.

(46.) El fiel laico, que es llamado para prestar una ayuda en las celebraciones litúrgicas, debe estar debidamente preparado y ser recomendable por su vida cristiana, la fe, costumbres y su fidelidad hacia el magisterio de la Iglesia. Conviene que haya recibido la formación litúrgica correspondiente a su edad, condición, género de vida y cultura religiosa. No se elija a ninguno cuya designación pueda suscitar el asombro de los fieles.

(47.) Es muy loable que se conserve la benemérita costumbre de que niños o jóvenes, denominados normalmente monaguillos, estén presentes y realicen un servicio junto al altar como acólitos y reciban una catequesis conveniente, adaptada a su capacidad, sobre esta tarea. No se puede olvidar que del conjunto de estos niños, a lo largo de los siglos, ha surgido un número considerable de ministros sagrados. Institúyanse y promuévanse asociaciones para ellos, en las que también participen y colaboren los padres y con las cuales se proporcione a los monaguillos una atención pastoral eficaz. A esta clase de servicio al altar pueden ser admitidas niñas o mujeres, según el juicio del obispo diocesano y observando las normas establecidas."
Es oportuno hacer notar la conveniencia de que las niñas y los niños que ayuden en la liturgia eucarística estén adecuadamente vestidos, como corresponde a la sagrada liturgia en la que participan y sirven.

Es significativo conocer y aceptar, en obediencia eclesial, el criterio y juicio del obispo del lugar, que es el responsable primero y último de la Iglesia diocesana. Obrar a sus espaldas o en contra de su voluntad no estaría en la línea de fidelidad y transparencia eclesial que se pide para mantener, defender y enriquecer la unidad de la Iglesia.

Esa autoridad del obispo, que brota del servicio y amor a la Iglesia que preside, es garante de que donde está Pedro, está la Iglesia. En ese sentido, en un mundo donde la subjetividad pasa a ser criterio único y normativo, se evita el peligro y riesgo de adulterar y oscurecer lo que hemos recibido por tradición apostólica y que no es lícito cambiar.

Ora con la Palabra

 

Domingo 15 de septiembre: XXIV del Tiempo Ordinario

 

Lc 15,1-32

“...estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido encontrado”

Lunes: 1 Tim 2,1-8 / Sal 28 (27) / Lc 7,1-10

“...ni siquiera en Israel he hallado una fe tan grande”.

Martes:  1 Tim 3,1-13 / Sal 101 (100) / Lc 7,11-17

“...Es un gran profeta el que nos ha llegado”.

Miércoles:  1 Tim 3,14-16 / Sal 111 (110) / Lc 7,31-35

“...la reconocen en su manera de actuar”.

Jueves:  1 Tim 4,12-16 / Sal 111 (110) / Lc 7,36-50

“...Tu fe te ha salvado, vete en paz”.

Viernes:  1 Tim 6,2c-12 / Sal 49 (48) / Lc 8,1-13

“...ustedes tienen oídos para oír”.

Sábado: Ef 4,1-7.11-13 / Sal 19 (18) / Mt 9,9-13

“...Me gusta la misericordia más que las ofrendas”.

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