bibliaAbiertaWebNo hay que extrañarse si leyendo el libro del Eclesiastés (o Qohelet), uno se siente desorientado y se pregunta qué interés tiene su lectura para nuestra vida de fe. Se trata de un libro sapiencial influenciado por la filosofía de los cínicos, que detestaban la vida, aun cuando
creían que el hombre pudiera vivir felizmente si se desataba de los bienes y la vida presente. Los versículos 2 y 3 del primer capítulo resumen el tema de todo el libro: "¡Vanidad de vanidades!, ¡vanidad de vanidades, todo vanidad! ¿Qué saca el hombre de toda la fatiga con que se afana bajo el sol?" (1, 2-3).

Para Qohelet la vida solo es "vanidad y atrapar vientos" (2, 11), donde nada se distingue de nada y, sobre todo, nadie se distingue de nadie. No hay diferencia entre el sabio y el necio, los dos tienen el mismo destino, desaparecen con la muerte sin dejar huellas de su existencia (2, 14-16; 9, 2). Todo está envuelto en un gran vacío de sentido y el hombre no logra hallar una sabiduría que le propicie la verdadera felicidad: "Donde abunda sabiduría, abundan penas, y quien acumula ciencia, acumula dolor" (1, 18). A pesar de sus conocimientos, el hombre es un ignorante que ignora la verdadera sabiduría, los misterios de la vida (11, 5) y, sobre todo, los de Dios (8, 17).

¿Qué podríamos aprender del Eclesiastés? Según San Agustín «este varón tan sabio consagró todo su libro a intimarnos esa vanidad, sin duda para hacernos desear la vida donde no exista la vanidad bajo el sol, sino la verdad bajo el Hacedor del sol» (La Ciudad de Dios, L. XX, III). En otras palabras, el Eclesiastés nos invita a tomar conciencia que nosotros vivimos auténticamente nuestra vida presente cuando la orientamos desde la verdad de Dios, nuestro Creador. Son los valores del reino de Dios los que deben orientar nuestra existencia y nuestro actuar: "Teme a Dios y guarda sus mandamientos, que eso es ser hombre cabal" (12, 12) concluye el Eclesiastés.

No se trata del miedo que nos esclaviza, sino de la verdadera libertad de la cual nos habla san Pablo en la Carta a los Romanos. Vivir la vida humana desde los valores de nuestra fe no significa vivir a la manera de los cínicos, despreciando los bienes materiales y otros. Significa vivir evangélicamente, utilizando con inteligencia y prudencia todos esos bienes, gozando del presente, "pero a sabiendas de que por todo ello te emplazará Dios a juicio" (11, 9). Significa vivir una vida feliz a condición, como dice San Agustín en sus Confesiones, que nuestra felicidad sea «gozar de ti, para ti y por ti», "gozo de la verdad, porque este es gozo de ti, que eres la verdad, ¡Oh Dios, luz mía, salud de mi rostro, Dios mío! (S.26, 1)" (Conf. X, XXII, 32). "Solo Dios basta", decía Santa Teresa de Ávila.

Ora con la Palabra

 

Domingo 20 de octubre: XXIX del Tiempo Ordinario

 

Lc 18,1-8

“Yo les aseguro que les hará justicia...”.

Lunes: Rm 4,20-25 / Interl. Lc 1,69-75 / Lc 12,13-21

“...Eviten (…) toda clase de codicia...”.

Martes:  Rm 5,12.15b.17-19.20b-21 / Sal 40 (39) / Lc 12,35-38

“...¡felices esos sirvientes!”.

Miércoles:  Rm 6,12-18 / Sal 124 (123) Lc 12,39-48

“...llegará a la hora que menos esperan”.

Jueves:  Rm 6,19-23 / Sal 1 / Lc 12,49-53

“...más bien he venido a traer división”.

Viernes:  Rm 7,18-25a / Sal 119 (118) / Lc 12,54-59

“...no saldrás de allí...”.

Sábado: Rm 8,1-11 / Sal 24 (23) / Lc 13,1-9

“Puede ser que así dé fruto...”.

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