convivenciaWebUna discusión importante sobre la espiritualidad de Jesús la tuvieron algunos de sus contemporáneos. Llegaron a la conclusión de que el espíritu que lo habitaba era el de Satanás. ¡Qué mentira y qué lástima!

¿Y cuál es tu espíritu, lector bautizado, católico y laico cubano?

La espiritualidad no es estar en las nubes, o parecer un extraterrestre, o un bobo. Tener espíritu se parece más a tener carácter, personalidad. Es saber lo que realmente importa en esta vida, cuál es su origen, su sentido y su destino. Una persona espiritual no es superficial, es aterrizada, y sabe a dónde va con su vida. Ahora, la espiritualidad puede tener varios adjetivos, o apellidos. La nuestra, la del bautizado laico, es "cristiana", es decir, de Jesucristo. Ese fue y es su gran deseo: darnos su Espíritu, porque el Espíritu es vida.

¿Cómo es el Espíritu de Jesús, su espiritualidad? No es la farisea, que se cree la importante y mejor, sino la del que sabe que todo lo que ha hecho es lo que le correspondía hacer, y la del que acoge a los demás como iguales. No es la del club de los sumos sacerdotes, que hacían juicios sobre los demás y los expulsaban de la sinagoga, o los condenaban a ser apedreados. Es la de Jesús, que puso a la prostituta en medio, se inclinó para estar a su nivel y, lejos de toda condena, la invitó a ser buena.

Tampoco es la espiritualidad cristiana como la de Pilatos, que ante la injusticia cometida contra Jesús se lavó las manos, sino como la de Juan el Bautista, que le dijo a Herodes, el rey, la verdad aunque este pudiera decapitarlo, como lo hizo. Ni es la de aquellos discípulos que pidieron a Jesús que prohibiera a otros hacer milagros (en la primera manifestación de "capillismo") porque no eran del grupito, sino la del maestro que invita a los apóstoles a evangelizar otros pueblos, a ampliar la mirada y abrir horizontes. Una espiritualidad laical, siguiendo a Jesús, no es infundada, no brota de la nada, sino que se encuentra, se valora, y se alimenta. La misa dominical y toda la riqueza que la acompaña es la primera fuente de alimentación de tu espiritualidad: celebrar, cantar, orar, reflexionar, comulgar, confesarse, saludar, compartir...

Otra gran fuente es la oración con la Biblia, especialmente con los evangelios. Y —por qué no— el mundo y lo que pasa en él. Enterarse de lo que pasa y por qué, y reaccionar desde el Evangelio. Quien quiera comprometerse más, debe buscar todo encuentro, convivencia, retiro, asociación. Es mucho mejor ser un laico con espíritu que sin espíritu, porque este último es un laico muerto, y el primero es un laico vivo.

Ora con la Palabra

 

Domingo 20 de octubre: XXIX del Tiempo Ordinario

 

Lc 18,1-8

“Yo les aseguro que les hará justicia...”.

Lunes: Rm 4,20-25 / Interl. Lc 1,69-75 / Lc 12,13-21

“...Eviten (…) toda clase de codicia...”.

Martes:  Rm 5,12.15b.17-19.20b-21 / Sal 40 (39) / Lc 12,35-38

“...¡felices esos sirvientes!”.

Miércoles:  Rm 6,12-18 / Sal 124 (123) Lc 12,39-48

“...llegará a la hora que menos esperan”.

Jueves:  Rm 6,19-23 / Sal 1 / Lc 12,49-53

“...más bien he venido a traer división”.

Viernes:  Rm 7,18-25a / Sal 119 (118) / Lc 12,54-59

“...no saldrás de allí...”.

Sábado: Rm 8,1-11 / Sal 24 (23) / Lc 13,1-9

“Puede ser que así dé fruto...”.

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