ProclamacionPalabraLa Palabra de Dios necesita ser proclamada, escuchada y vivida para que adquiera sentido pleno, tal como dice el Apocalipsis: "Dichoso el que lea, y dichosos los que escuchen este mensaje profético y cumplan lo que está escrito en él" (Ap 1,3). De ahí la importancia que desde los inicios de la Iglesia tenía en la liturgia el "ministro lector", que era instituido por los obispos después de consultar a la comunidad. Se establecía cierta semejanza entre los mártires que confesaban su fe en el tribunal antes de dar la vida y los lectores que proclamaban la palabra en el ambón o púlpito. Si era preciso, con su propia vida debían dar testimonio de la lectura.

A partir de la reforma litúrgica propiciada por el concilio Vaticano II, el papa Pablo VI instituyó los ministerios de Lector y Acólito, que pueden ser confiados a los laicos. Al lector le corresponde la función y el servicio de leer en la Misa y celebraciones litúrgicas la Sagrada Escritura, excepto el evangelio. En la práctica litúrgica no se ha instituido estos ministerios y suele observarse cierta improvisación en la proclamación de las lecturas.

Según Pablo VI, el ministro lector debe leer en público tras meditar asiduamente la Sagrada Escritura, ser consciente de su función, cultivar el amor a la Palabra de Dios y preparar esmeradamente los textos que serán proclamados. Si no hay un lector instituido, puede ejercer su función un lector extraordinario y distribuir las diversas lecturas entre varios lectores. Conviene que el diácono, el lector, el salmista, el comentarista y el coro se pongan de acuerdo para evitar la improvisación al proclamar la Palabra de Dios. La lectura del evangelio corresponde al presbítero y al diácono.

El lector tiene la misión de actualizar la Palabra de Dios de manera que se escuche con alegría y sea puesta en práctica con entusiasmo por la asamblea litúrgica. Le corresponde preparar la mesa de la Palabra: leerla en el leccionario antes de proclamarla ante la asamblea; pronunciar con claridad; respetar los signos de puntuación, utilizar los textos y las fórmulas del leccionario; y leer con dignidad y voz fuerte para que todos reciban el alimento de la Palabra.

Ora con la Palabra

 

Domingo 31 de mayo: Solemnidad de Pentecostés

 

Jn 20,19-23

“...sopló sobre ellos y les dijo: Reciban el Espíritu Santo...”.

Lunes: Santa María, Madre la Iglesia
 
Hch 1,12-14 / Interl. Jdt 13,18bcde.19 / Jn 19,25-27

“..ánimo, yo he vencido al mundo”.

Martes:  2 P 3,12-15a. 17-18 / Sal 90 (89) / Mc 12,13-17

“...a Dios, lo que corresponde a Dios”.

Miércoles:  2 Tim 1,1-3.6-12 / Sal 123 (122) / Mc 12,18-27

“...no es un Dios de muertos, sino de vivos”.

Jueves: Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote 
Gn 14,18-20 / Sal 110 (109,1.2.3.4) /1 Co 11,23-26 / Lc 9,11b-17

“Todos comieron hasta saciarse”.

Viernes:  2 Tim 3,10-17 / Sal 119 (118) / Mc 12,35-37

“Mucha gente acudía a Jesús...”.

Sábado:  2 Tm 4,1-8 / Sal 71 (70) / Mc 12,38-44

“...no tenía más, y dio todos sus recursos”.

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