ProclamacionPalabraEn la liturgia de la Iglesia el Lector tiene una función importante: es un ministerio y un signo sagrado sobre quien deben converger los ojos y los oídos de la asamblea. Es el emisario que proclama la Palabra de Dios como Buena Noticia. Este ministerio no debería improvisarse: hay que preparar a los lectores y ellos deben preparar la proclamación de la Palabra.

En las celebraciones litúrgicas de los sacramentos, y en otras no sacramentales, leemos la Palabra de Dios porque la fe se transmite por el oído y por los demás sentidos (cf. Rm 10,17). La Palabra es proclamada por un lector, pues no se trata de una audición mecánica, que podría hacer un buen reproductor audiovisual, sino del anuncio, de la profecía que el lector transmite al servicio de la Iglesia. Dios está necesitado del profeta y del lector que presta su voz para que podamos oír la Palabra de Dios, tal como se revela en los relatos de vocación de los profetas (cf. Is 6,8-13; Jr 1,9; Ez 2,7).

Según la Sagrada Escritura, el lector y el profeta son emisarios del Señor y del Rey; son portadores de su mensaje y hablan en su nombre: "Oráculo del Señor; así dice el Señor" (cf. Is 7,7; Jr 2,2; Ez 6,11). Han de proclamar el mensaje al pueblo y a la asamblea de manera que lo entiendan (cf. Neh 8,2-9), con voz fuerte y solemne, desde un lugar visible y con palabras inteligibles, etc. Jesús mismo intervino como buen lector en la sinagoga de Nazaret (cf. Lc 4,16-22). Al proclamar el texto de Isaías reconoce y actualiza la Palabra de Dios referida a él mismo; los ojos y los oídos de la sinagoga (asamblea) se fijaron sobre él; sus paisanos testimoniaban y se maravillaban ante la revelación del Mesías (Cristo).
Al servicio del lector están el libro y el ambón, que tienen también un significado sagrado. El libro es abierto; el rollo de la Escritura es desenrollado; los escritos de la Ley son proclamados. Por lo tanto, los libros litúrgicos deben ser dignos, decorosos, bellos. No deben ser simples folletos ni hojas sueltas. El ambón debe resaltar la importancia del libro y de la proclamación de la Palabra. Se refiere a un lugar digno hacia donde se dirija la atención de los fieles. Ojalá sea un lugar estable, no un simple atril móvil, desde donde se proclaman las lecturas, el salmo, el pregón pascual y desde donde se hace la homilía y las intenciones de la oración universal (cf. IGMR-2002, 309).

GLOSARIO
Profeta: es la persona que proclama y habla delante de la asamblea en nombre del Señor.

Lector: es el ministro que proclama la Palabra de Dios, y que participa del don espiritual de profecía.

Ora con la Palabra

 

Domingo 24 de octubre: XXX del Tiempo Ordinario

 

Mc 10,46-52

“...tu fe te ha salvado”.

Lunes:  Rm 8,12-17 / Sal 68 (67) / Lc 13,10-17

“...la gente se alegraba...”.

Martes:   Rm 8,18-25 / Sal 126 (125) / Lc 13,18-21

“Es semejante a un grano de mostaza...”.

Miércoles:   Rm 8,26-30 / Sal 13 (12) / Lc 13,22-30

“...muchos tratarán de entrar y no lo lograrán”.

Jueves:   Ef 2,19-22 / Sal 19 (18) / Lc 6,12-19

“...escogió a doce de ellos...”.

Viernes:   Rm 9,1-5 / Sal 147 (146-147) / Lc 14,1-6

“...se acercó al enfermo, lo curó y lo despidió”.

Sábado:   Rm 11,1-2a.11-12.25-29 / Sal 94 (93) / Lc 14,1.7-11

“...el que se humilla será ensalzado”.

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