La mitología griega narra el castigo de un rey, Sísifo, condenado a cargar una piedra hasta la cima de una montaña y verla rodar hasta la base para repetirSisifoweb

el mismo proceso infinitamente. En nuestra vida podemos reconocer experiencias parecidas que claman por un final. A menudo necesitamos recomenzar ante una equivocación y no cargar infinitamente el peso de un error. No somos ángeles y muchas veces, más de las que nos gustarían, hacemos daño a otros y nos hacemos daño a nosotros mismos.
El sacramento de la reconciliación puede colmar este anhelo universal de liberarse de la culpa y reparar, en parte, el mal causado. A pesar de ello, muchos viven de espaldas a este signo que la Iglesia ofrece, quizás por miedo, vergüenza, alguna experiencia desagradable al respecto u otra razón ... Consciente de que es más efectivo encender una luz que maldecir la oscuridad, me gustaría acercarme espiritualmente con Jesús a este sacramento desde la parábola del padre bueno o del hijo pródigo (Lc. 15, 11-31).
El reconocernos pecadores y necesitados de conversión no nos incapacita para dejarnos encontrar por Dios, al contrario. Jesús mismo contó esta historia como respuesta al escándalo de la "gente buena" de su época que no toleraba su cercanía con publicanos y prostitutas (vv. 1-2). El centro de la parábola está en la desproporción entre la actitud del padre y la de sus hijos. El menor de ellos negó su amor declarándolo muerto en vida, y pidiéndole la parte de la herencia que le tocaba. El mayor de los dos también negó el amor del padre, en esta ocasión hacia su hermano, resistiéndose a participar del banquete. El padre bueno sale de su casa al encuentro de ambos, no porque ellos lo merezcan, sino porque su corazón no sabe hacer otra cosa. Esta lógica que nos desconcierta es capaz de vencer en nosotros al mal que deshumaniza.
Ponerse en camino, atreverse a ponerle nombre a nuestros fallos, nos permite acoger la nueva oportunidad que Dios nos ofrece incondicional y gratuitamente. En la reconciliación no nos espera un juez ni un policía, nos busca un Padre que ha preparado para nosotros la gran fiesta común. Fiesta de pecadores perdonados. No estamos condenados a repetir la maldición de Sísifo.
(Continuará)

 

Ora con la Palabra

 

Domingo 8 de diciembre: II de Adviento

 

Mt 3,1-12

“...después de mí viene uno con más poder que yo...”.

Lunes: Inmaculada Concepción de la Stma. Virgen María 
Gn 3,9-15.20 / Sal 98 (97) / Ef 1,3-6.11-12 / Lc 1,26-38

“...Alégrate, llena de gracia...”.

Martes:  Is 40,1-11 / Sal 96 (95) / Mt 18,12-14

“...no quieren que se pierda ni tan solo uno...”.

Miércoles:  Is 40,25-31 / Sal 103 (102) / Mt 11,28-30

“...mi yugo es suave y mi carga liviana”.

Jueves: Nuestra Señora de Guadalupe, patrona de América 
Eclo o Sir 24,23-31 / Sal 67 (66) / Lc 1,39-45

“...¡Bendita tú eres entre las mujeres...!”.

Viernes:  Is 48,17-19 / Sal 1 / Mt 11,16-19

“...la sabiduría de Dios no se equivoca...”.

Sábado:  Eclo o Sir 48,1-4.9-11 / Sal 80 (79) / Mt 17,10-13

“...harán sufrir al Hijo del Hombre”.

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