Carta-de-Pablo-a-los-Romano
¿Quién fue el misionero anónimo que llevó la semilla cristiana a Roma? No sabemos. Lo cierto es que en tiempos de Pablo existía ya una importante comunidad cristiana en la ciudad, mayormente de origen pagano y en parte de origen judío.

¿Qué motivos tenía Pablo para escribir una carta a una Iglesia que no había fundado ni conocía personalmente? Y no una carta cualquiera, de cortesía o de circunstancias, sino una carta doctrinal de envergadura, quizás la más importante del Apóstol, quien, hasta el momento presente, había desarrollado su tarea evangelizadora en la zona del Mediterráneo oriental.

Ahora decide llevar el Evangelio hasta los extremos de Occidente, hasta España. Pero en el camino, como escala obligatoria, está Roma, la ciudad imperial. Quiere anunciar a los romanos su visita y les escribe esta carta hacia el año 57-58, probablemente desde Corinto.Antes de emprender esta nueva aventura misionera es como siel Apóstol tuviera la necesidad de recapitular y poner por escrito una síntesis más elaborada y sistemática de los temas claves de su predicación. De un modo especial, aquellos puntos más controvertidos y más propensos a crear difcultades en el seno de las nacientes comunidades cristianas.

El tema central es el poder salvador del Evangelio para todos aquellos que quieran recibirlo mediante la fe. En realidad todos -judíos y paganos- están bajo el pecado, pero a todos igualmente puede llegar la salvación.

Frente a esta oferta de salvación universal, ¿qué sentido tenía ya la Ley, la circuncisión y demás prescripciones que habían mantenido al pueblo judío en un gueto cerrado de elegidos
y privilegiados? Por otra parte, era comprensible que la Iglesia madre de Jerusalén se resistiera a romper con gran parte de este bagaje religioso y, más todavía, a perder su protagonismo a favor de una Iglesia que comenzaba a ser ya ecuménica, más allá de las fronteras geográfcas y culturales del mundo judío. Por ello, y dentro del designio de salvación universal de Dios en Jesucristo, ¿cuál era la función del pueblo judío? Y, sobre todo, ¿qué iba a suceder con la mayoría de ellos que no habían aceptado el Evangelio?

Pablo responde a todas estas interrogantes haciendo una relectura, con los ojos iluminados por la fe, de la historia religiosa de su pueblo, descubriendo en ella la presencia clara de una promesa que apuntaba a Jesús como Mesías y Salvador, el cual, cumpliendo lo anunciado y prometido, pone fn a lo caduco e inaugura la nueva era defnitiva.

Conviene todavía añadir que quizás no exista otro escrito del Nuevo Testamento que haya suscitado tanta polémica a la hora de su interpretación.De manera que, a pesar de ser la carta que nos ofrece la visión más universal y ecuménica, se convirtió, en su momento, en la carta de la escisión entre católicos y protestantes. Hoy en día, sin embargo, se puede afirmar justamente lo contrario, porque está uniendo de nuevo a la familia anteriormente dividida.

Ora con la Palabra

 

Domingo 10 de noviembre: XXXII del Tiempo Ordinario

 

Lc 20,27-38

“Él no es Dios de muertos, sino de vivos, y todos viven por Él”.

Lunes: Sb 1,1-7 / Sal 139 (138) / Lc 17,1-6

“...si se arrepiente, perdónalo”.

Martes:  Sb 2,23 al 3,9 / Sal 34 (33) / Lc 17,7-10

“...Somos servidores no necesarios...”.

Miércoles:  Sb 6,1-12 / Sa 82 (81) / Lc 17,11-19

“...Levántate y vete; tu fe te ha salvado”.

Jueves:  Sb 7,22 al 8,1 / Sal 119 (118) / Lc 17,20-25

“...antes tiene que sufrir mucho y ser rechazado...”.

Viernes:  Sb 13,1-9 / Sal 19 (18) / Lc 17,26-37

“El que intente guardar su vida la perderá...”.

Sábado:  Sb 18,14-16; 19,6-9 / Sal 105 (104) / Lc 18,1-8

“...les hará justicia, y lo hará pronto”.

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