Pentecostés
El domingo de Pentecostés es la conclusión de los cincuenta días de Pascua. Pascua y Pentecostés son dos celebraciones relacionadas entre sí, tanto en la espiritualidad del pueblo de Israel como en la espiritualidad de la Iglesia cristiana.

En la noche de
Pascua los hijos de Israel comían la carne del cordero libertador y conmemoraban el fin de su esclavitud en Egipto y el paso del mar Rojo. La Iglesia cristiana celebra la resurrección de Jesús, verdadero Cordero de Dios, cuya sangre libera al mundo del pecado.

La tradición judía hizo de
Pentecostés la fiesta conmemorativa de la Alianza en el monte Sinaí y, en ella, el momento de la entrega de la Ley. Para los cristianos, después de los cincuenta días de Pascua, se  conmemora la efusión del Espíritu Santo sobre los Apóstoles y el comienzo de la expansión misionera de la Iglesia.

Ambas celebraciones - Pascua y Pentecostés - van precedidas en la Iglesia cristiana por sus respectivas vigilias. Una vigilia signifca ‘noche en vela’, porque se desarrolla de noche. Es una celebración importante de una comunidad que vigila y reflexiona en oración mientras la población duerme. Es un estar despiertos a la espera, no solo de la luz del día, sino de los frutos propios de aquella festividad.

En el caso de Pentecostés, se centra la atención en el Espíritu Santo prometido. Al celebrar el don del Espíritu, la liturgia de la vigilia insiste de modo especial en las profecías, que aparecen en el Antiguo Testamento acerca de este don. Así, entre las lecturas que se proponen nos encontramos con Génesis 11, donde el Señor, frente a la pretensión de la humanidad de construir una torre que alcanzara el cielo, baja y confunde sus lenguas.

En el libro de los Hechos, en cambio, el día de Pentecostés un viento recio resonó en la casa donde se encontraban los apóstoles, se llenaron todos del Espíritu y empezaron a hablar lenguas extranjeras. Ya la diversidad de lenguas no dividía a los hombres y los apóstoles podían anunciar el evangelio a todos los pueblos. La segunda lectura está sacada de Éxodo 19; en ella Moisés recibe de Dios el encargo de guardar su alianza y el pueblo responde: “Haremos todo cuanto ha  dicho el Señor”. Es el momento de la promulgación de la Ley. En contraste, la Ley de la Nueva Alianza se halla inscrita en los corazones por el Espíritu Santo
que los ilumina.

Todavía se proponen dos lecturas más del Antiguo Testamento. Ezequiel 37 presenta un valle lleno de huesos; el don del Espíritu, recibido en Pentecostés, hace surgir de entre los muertos al nuevo pueblo de Dios, la Iglesia universal. Finalmente, la profecía de Joel vaticina la irrupción del Espíritu en los tiempos mesiánicos.

En la vigilia de Pentecostés, y dentro de la participación en la Eucaristía, tienen especial importancia, aparte de las lecturas, las oraciones, los cantos, los gestos, los símbolos, la luz...

Ora con la Palabra

 

Domingo 10 de noviembre: XXXII del Tiempo Ordinario

 

Lc 20,27-38

“Él no es Dios de muertos, sino de vivos, y todos viven por Él”.

Lunes: Sb 1,1-7 / Sal 139 (138) / Lc 17,1-6

“...si se arrepiente, perdónalo”.

Martes:  Sb 2,23 al 3,9 / Sal 34 (33) / Lc 17,7-10

“...Somos servidores no necesarios...”.

Miércoles:  Sb 6,1-12 / Sa 82 (81) / Lc 17,11-19

“...Levántate y vete; tu fe te ha salvado”.

Jueves:  Sb 7,22 al 8,1 / Sal 119 (118) / Lc 17,20-25

“...antes tiene que sufrir mucho y ser rechazado...”.

Viernes:  Sb 13,1-9 / Sal 19 (18) / Lc 17,26-37

“El que intente guardar su vida la perderá...”.

Sábado:  Sb 18,14-16; 19,6-9 / Sal 105 (104) / Lc 18,1-8

“...les hará justicia, y lo hará pronto”.

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