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En la liturgia cristiana, la asamblea reunida está incorporada a la acción sagrada y es parte de ella. Quienes se reúnen han de participar activamente y no como espectadores. Ciertamente, son importantes en la simbólica litúrgica el altar, el tabernáculo, la sede del presidente, el baptisterio, el ambón, el crucifijo, las imágenes y retablos. Para que el espacio sagrado favorezca la conformación de la asamblea, debería considerarse la ubicación de los símbolos en el siguiente orden: cátedra o sede presidencial, ambón, altar, sagrario, cruz, baptisterio, retablos, etc.

¿Por qué considerar la sede en primer lugar? Porque la sede nos remite al Presidente, y éste a la Asamblea, al ambón (Palabra) y al altar (Eucaristía). Desde el inicio, las comunidades cristianas daban la mayor importancia a la "reunión", a la asamblea, a la iglesia (ekklesía). Así lo atestigua el mártir romano san Justino (+165) y los mártires de Abitinia (+303) del norte de África (Túnez). Lo importante para ellos era la reunión (collecta) y la asamblea dominical (dominicum). Los mártires afirman que sin "la reunión" no pueden vivir; prefieren morir antes que renunciar a su asamblea dominical. Además, en la asamblea tiene una función ministerial el Presidente de la misma (en griego, proestós). Es un servicio para guiar y unir a la comunidad (hegoúmenoi=que guía, dirige, hace de cabeza). El obispo es quien guía y preside a la comunidad, quien delega en presbíteros y diáconos u otros ministros.

Después de la paz de Constantino (313), los cristianos comenzaron a "reunirse" en basílicas, en las que existía la cátedra, tribuna o trono para el juez, el orador, el rey. Las comunidades cristianas dotarán de cátedras para el obispo a las basílicas, y la sede será un signo de la autoridad del presidente. Por lo tanto, la cátedra no es una simple silla portátil y funcional, sino un signo de la presidencia.


La reforma litúrgica del concilio Vaticano II destaca la cátedra como signo sagrado de quien preside la asamblea y debe estar situada en lugar visible, al fondo del presbiterio y de cara al pueblo (cf. IGMR, 310/2002; 271/1975). Ahora bien, la presidencia está en función de servir al culto divino; quien preside es un servidor de Dios y de la comunidad, por lo cual tiene la responsabilidad de convocarla y de mantenerla unida. La comunidad reunida con su presidente forman la Iglesia (asamblea) y el pan que se transforma en el cuerpo del Señor transformará también a la comunidad para vivir en el amor.

Ora con la Palabra

 

Domingo 9 de agosto: XIX del Tiempo Ordinario

 

Mt 14,22-33

“...iÁnimo, soy yo, no tengan miedo!”.

Lunes:  2 Co 9,6-10 / Sal 112 (111) / Jn 12,24-26

“Si alguno me sirve, mi Padre lo honrará”.

Martes:  Ez 2,8 al 3,4 L Sal 119 (118) / Mt 18,1-5.10.12-14

“...ése el más grande en el Reino...”.

Miércoles:  Ez 9,1-7;10,18-22 / Sal 113 (112) / Mt 18,15-20

“...allí estoy en medio de ellos”.

Jueves:  Ez 12,1-12 / Sal 78 (77) / Mt 18,21 al 19,1

“...hasta setenta veces siete”.

Viernes:   Ez 16,1-15.60.63 / Interlec. Is 12 / Mt 19,3-12

“El que pueda con esto, que lo haga”.

Sábado: Solemnidad de la Asunción de la Virgen María
Ap 11,19a;12,1-6a.10ab / Sal 45 (44) / 1Co 15,20-27a Lc 1,39-56

“...iBendita tú entre las mujeres...”.

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