CatequesisDejen que los niños vengan a mí. No se lo impidan (Mc 10,13)

Como a sus discípulos, hoy nuevamente Jesús nos invita,a través de la mirada y los gestos espontáneos de los niños, a buscarlo con alegría y sencillez, a volver a apreciar lo pequeño, a aprender de nuevo a ser felices sin poseer muchas cosas y a amar la vida con entusiasmo.

Me resuenan las palabras del Papa Francisco expresadas en su Exhortación Evangelii Gaudium en 2013: “Un misionero entregado experimenta el gusto de ser un manantial, que desborda y refresca a los demás. Sólo puede ser misionero alguien que se sienta bien buscando el bien de los demás, deseando la felicidad de los otros.” (nº 272)

Ya en 1975, en la Exhortación Evangelii Nuntiandi, san Pablo VI expresó la importancia primordialdel testimonio en la acción evangelizadora de la Iglesia: “La Buena Nueva debe ser proclamada, en primer lugar, mediante el testimonio. Supongamos que un cristiano o un grupo de cristianos que, dentro de la comunidad humana donde viven, manifiestan su capacidad de comprensión y de aceptación, su comunión de vida, su solidaridad… Supongamos además que irradian de manera sencilla y espontánea su fe en los valores que van más allá de los valores corrientes, y su esperanza en algo que no se ve ni osarían soñar. A través de este testimonio sin palabras, estos cristianos hacen plantearse, a quienes contemplan su vida, interrogantes irresistibles: ¿por qué son así?, ¿por qué viven de esa manera?, ¿qué es o quién el que los inspira? Pues bien, este
testimonio constituye ya de por sí una proclamación silenciosa, pero también muy clara y eficaz, de la Buena Nueva.” (nº 21)

Basta observar por un momento aquellas catequesis que cuentan con un buen número de participantes para descubrir allí a catequistas que se entregan enteramente a los niños: los acogen, se interesan de corazón por cada uno de ellos y saben escuchar sus preguntas importantes para presentarles con humildad el mensaje de Jesús que los ayuda a crecer como personas. Asimismo, visitan sus casas, los hacen protagonistas del encuentro, saben cuál estímulo despierta en ellos más interés, juegan, salen de paseo, visitan enfermos, incentivan en ellos la mirada compasiva de Jesús por el que sufre y una fina sensibilidad frente al dolor y la alegría de los que lo rodean, “aterrizan” el mensaje del Evangelio a sus vidas… En síntesis, viven y proclaman su experiencia profunda de fe y así responden a la interrogante que nos asalta cuando no logramos convocar: ¿cómo hacen para lograr una participación tan viva de los niños?

Con su testimonio de vida, estos hombres y mujeres se convierten en verdaderos evangelizadores que nos invitan a pasar, como dice nuestro Plan Pastoral, de “catequistas profesores” a “catequistas testigos vivos del Evangelio”. En palabras de Luis Casalá, sm., “finalmente lo que nos humaniza y diviniza es ser amor y amar. La única gran tarea, que tendrá mil rostros diferentes, es amar”.

Ora con la Palabra

 

Domingo 21 de abril: Pascua de la Resurrección del Señor

 

Jn 20,1-9

“...iÉl ‘debía’ resucitar de entre los muertos!”.

Lunes:  Hch 2,14.22-23 / Sal 16 (15) / Mt 28,8-15

“...No tengan miedo”.

Martes:  Hch 2,36-41 / Sal 33 (32) / Jn 20,11-18

“...He visto al Señor y me ha dicho esto”.

Miércoles:  Hch 3,1-10 / Sal 105 (104) / Lc 24,13-35

“...Es verdad: el Señor ha resucitado...”.

Jueves:  1 P 5,5b-14 / Sal 89 (88) / Mc 16,15-20

“...anuncien la Buena Nueva a toda la creación”.

Viernes:  Hch 4,1-12 / Sal 118 (117) / Jn 21,1-14

“...se acercó, tomó el pan y se lo repartió”.

Sábado : Hch 4,13-21 / Sal 118 (117) / Mc 16,9-15

“...no le creyeron”.

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