toleranciaWebLa manera en que se caracteriza a una persona define en gran parte el valor que se le otorga a esta. Y este mayor o menor valor determina, la mayoría de las veces, las condiciones sociales en las cuales esta persona tiene que vivir.

Cuando se me pidió que escribiera sobre la necesidad de tolerancia a las personas mayores para conmemorar el “Día mundial de la tolerancia”, no pude menos que reaccionar con la frase que da título a este artículo: “Tolerancia no, ¡consideración y respeto!”.

Se mostraba más que clara la realidad de que en toda sociedad persiste cierta cantidad de ideas erróneas en cuanto al envejecer y la vejez. Estas ideas se transforman en prejuicios y estereotipos negativos sobre la persona mayor que dificultan su buen envejecer y entorpecen también el derecho a su participación social simplemente por motivos de su edad.

Si partimos de que la concepción más popular  de “tolerar” se explica como la acción de permitir algo que no se tiene por bueno o no se está de acuerdo, seguros estamos de que no es esa interpretación la que deseamos se aplique a nuestros adultos mayores.

Sin duda alguna, en la vida práctica, ser viejo significa una marca desvalorizante, consecuencia injusta de la acumulación histórica de estas múltiples ideas erróneas.

En este sentido, el prejuicio está basado en la edad cronológica y en las características que con alta exageración y arbitrariedad, la mayoría entiende que acompañan a todos los que integran este grupo poblacional: aumento en fragilidad, problemas crónicos de salud, incapacidad física o mental y pérdida de relaciones, entre otras.

Ahora bien, para desmentir algunos de estos prejuicios, solo debemos echar una mirada al pasado o buscar entre los actuales gobernantes de muchos países, artistas y músicos, entre otros, para darnos cuenta de que la edad no limita la capacidad creativa de las personas, ni sus posibilidades de aprendizaje o de emprendimiento.

Hay que tomar conciencia permanentemente de hasta dónde alcanzan los prejuicios negativos sobre la dignidad  de la persona mayor, para así tratarla con todo el respeto que se merece.

Para nuestros adultos mayores lo que deseamos es consideración y respeto: ese sentimiento que se tiene hacia alguien y que hace que se le trate con atención y cuidado, y que se le reconozca su mérito o valor especial. Como cuando se dice: “Sus canas inspiran respeto”.

Guiémonos por las palabras del gran filósofo François de Fénelon:
“Nada nos hará volvernos tan caritativos y considerados hacia las faltas de los demás como un autoexamen para conocer a fondo las propias.”

Ora con la Palabra

 

Domingo 18 de noviembre: XXXIII del Tiempo Ordinario

 

Mc 13,24-32

“El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán”.

Lunes:  Ap 1,1-4; 2,1-5a / Sal 1 / Lc 18,35-43

“...¡Jesús, hijo de David, ten compasión de mí!”.

Martes:  Ap 3,1-6.14-22 / Sal 15 (14) / Lc 19,1-10

“...ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido”.

Miércoles:  Ap 4,1-11 / Sal 150 / Lc 19,11-28

“...a todo el que produce se le dará más...”.

Jueves:  Ap 5,1-10 / Sal 149 / Lc 19,41-44

“...son cosas que tus ojos no pueden ver...”.

Viernes:  Ap 10,8-11 / Sal 119 (118) / Lc 19,45-48

“...todo el pueblo lo escuchaba...”.

Sábado:  Ap 11,4-12 / Sal 144 (143) / Lc 20,27-40

“El no es Dios de muertos, sino de vivos...”.

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