JubiladoWebDe las dos pérdidas más dolorosas que pueden experimentar las personas en la etapa de la vejez una es la jubilación y la otra es la viudez. La primera representa uno de los cambios -con mucha probabilidad el primero- que debe afrontar la persona mayor cuando se inicia en esta etapa de la vida.

Así como la sociedad señala en qué período de la vida debe uno casarse, tener hijos o independizarse de los padres, también lo hace al determinar por ley a qué edad tiene uno el derecho a jubilarse. En nuestro país se ha establecido la edad de 60 años para la mujer y 65 para el hombre.

Aunque no es obligatoria la jubilación al cumplir estas edades, una característica de la misma es que es un acontecimiento predecible y panificable. Puede vivirse como una oportunidad para crecer y lograr satisfacción en esta etapa vital o bien como una época de amargura y necesidades insatisfechas.

Si nos enfocamos en sus características negativas podríamos afirmar que comienza limitando los lazos con nuestros compañeros de trabajo y así posibilita el experimentar la denominada “crisis de pertenencia”  que aparece precisamente con el retiro del empleo.

Asimismo, la jubilación puede contribuir a otra de las crisis clásicas de la adultez mayor: la crisis de autonomía. Esta se hace presente cuando la persona comienza  a depender de subsidios de la seguridad social y de otras ayudas materiales, debido a la disminución significativa de sus ingresos, causada, sobre todo, por el pobre poder adquisitivo de su pensión.

La experiencia de ambas crisis podría llevar a la persona mayor a una tercera crisis: la crisis de identidad, que afectaría su autoestima y estaría determinada por la imagen negativa que va desarrollando de sí misma debido, sobre todo, a las dos crisis anteriores.

 Ahora bien, si se logra ser consciente de la situación crítica que podría presentarse y se opta por  prepararse y, ya antes de jubilarse, desarrollar relaciones sociales que le salgan al paso a la misma y le acompañen a vivirla como una experiencia de crecimiento, la propia jubilación pudiera entonces vivirse como una oportunidad para aumentar la satisfacción con la propia vida.

En mi opinión, que se fundamenta en mi propia experiencia de jubilado,  considero que dentro de las condiciones económicas y sociales en que debemos vivir en nuestro país, la clave de una jubilación satisfactoria está primero -y esencialmente- en lograr contar con un respaldo económico estable además de la pensión. Esto podría lograrse ya sea trabajando unas horas semanales en actividades retribuidas o por otras causas. En segundo término, se debe tratar, eso sí, de que estas actividades nos gusten y ejerciten nuestras fortalezas y virtudes personales orientándolas al servicio a los demás. Y en tercer lugar, debemos ampliar nuestras redes de apoyo social.

En fin, si está cerca de su posible jubilación, no pierda tiempo y dedíquese con la mayor seriedad a tratar de prepararse para la misma.

Ora con la Palabra

 

Domingo 12 de septiembre: XXIV del Tiempo Ordinario

 

Mc 8,27-35

“...El que quiera seguirme, que renuncie a sí mismo, tome su cruz y me siga”

Lunes:  1 Tm 2,1-8 / Sal 28 (27) / Lc 7,1-10

“Al oír estas palabras, Jesús quedo admirado…”

Martes: Exaltación de la Santa Cruz
 
Nm 21,4b-9 o Fil 2,6-11 / Sal 78 (77) / Jn 3,13-17

“¡Así amó Dios al mundo! Le dio al Hijo Único…”

Miércoles:   1 Tm 3,14-16 / Sal 111 (110) / Lc 7,31-35

“...la reconocen en su manera de actuar”

Jueves:   1 Tm 4,12-16 / Sal 111 (110) / Lc 7,36-50

“...Tu fe te ha salvado, vete en paz”

Viernes:   1 Tm 6,2c-12 / Sal 49 (48) / Lc 8,1-3

“...iba recorriendo ciudades y aldeas predicando…”

Sábado:   1 Tm 6,13-16 / Sal 100 (99) / Lc 8,4-15

“...la guardan y, perseverando, dan fruto”

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