ancianosMisaWebUn buen envejecer de inspiración cristiana, como nos enseña san Pablo, es aquel que hace suya la convicción de que en nuestro interior crece otra vida, a despecho de las pérdidas que sufrimos en la vejez y de la enfermedad. “Por eso no nos desanimamos: aunque nuestro hombre exterior se vaya destruyendo, nuestro hombre interior se va renovando día a día” (2 Cor 4,16).

Ahora bien, este proceso de crecimiento del que nos habla san Pablo no se realiza  espontáneamente. Exige de nosotros, en primerísimo lugar, el servicio a los demás que nos pide nuestro Señor Jesús, servicio, claro está, considerado desde nuestras características, cualidades propias y circunstancias personales.

¿Cómo podríamos encontrar ese servicio a los demás, que se relacione armoniosamente con nuestra personalidad y circunstancias? Para contestar a esta cuestión de manera efectiva, podemos contar con los aportes de los estudios gerontológicos, especialmente desde la psicología del envejecimiento. A mi modo de ver, la psicología puede ser un verdadero puente a nuestra espiritualidad.

Uno de estos estudios demuestra que un envejecer satisfactorio depende,  directamente, del hallazgo y de la realización de manera sostenida de actividades que sean significativas para nosotros; es decir, que le otorguen orientación y sentido a nuestra vida, además de proporcionarnos un buen estado de ánimo.

Según otra de estas investigaciones, el mundo de la vejez está condicionado más por las actitudes con que la persona mayor enfrenta su vida que por las circunstancias. La persona actúa, sobre todo, según perciba e interprete tales circunstancias y no solo por los estímulos que le llegan de las mismas. La actitud básica, con la cual el adulto mayor afronte los cambios que se le presentan, puede favorecer el utilizarlos para seguir construyendo su propia vida con un sentido de solidaridad o hacerla más difícil hasta impedir su desarrollo.

Uno puede llevar a cabo esta tarea de construir su vejez con una actitud de apertura, desde donde ve los cambios como desafíos que debe afrontar. De lo contrario, se verá llevado a realizarla desde una actitud cerrada, de clausura, desde donde ve los cambios como amenazas de las cuales trata de defenderse.

Así pues, nos aprovechará buscar cómo desarrollar la forma personal, propia de servir a los demás y la actitud de apertura a sí mismos y al otro, que nos lleven a la solidaridad y al Buen Envejecer y que le brinden sentido a nuestra vida. Un ejercicio magnífico e indispensable para esto es leer y meditar a diario la mejor noticia que ha llegado como un regalo a nuestra vida: el Evangelio. Para ello, puede desde ya contar con esta hoja de “Vida Cristiana”, que en su sección “Ora con la Palabra” pone a disposición de los lectores, cada domingo, la lectura sugerida por nuestra Iglesia para los días de la semana.

Ora con la Palabra

 

Domingo 14 de agosto: XX del Tiempo Ordinario

 

Lc 12,49-53

“No he venido a traer paz, sino división”.

Lunes: Solemnidad de la Asunción de la Virgen María
Ap 11,19a;12,1-6a.10ab/ Sal 45(44)/ 1Cor 15, 20-27a

“Primero Cristo como primicia; después todos los que son de Cristo”

Martes:  Ez 28,1-10/ Interleccional Dt 32/ Mt 19, 23-30

“Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja,
que a un rico entrar en el reino de Dios”

Miércoles: Ez 34,1-11/ Sal 23(22)/ Mt 20,1-16

“¿Vas a tener tú envidia porque soy yo bueno?”

Jueves: Ez 36,23-28/ Sal 51(50)/ Mt 22,1-14

“A todos los que encuentren convídenlos a la boda”.

Viernes: Ez 37,1-14/ Sal 107(106)/ Mt 22,34-40

“Amarás al Señor tu Dios y a tu prójimo como a ti mismo ”

Sábado: Ez 43,1-7a/ Sal 85(84)/ Mt 23,1-12

“No hacen lo que dicen”

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