Envejeciendo-y-creciendo
Soy muy consciente de que la respuesta a esta pregunta es esencial, pues de la misma va a depender la sana y adecuada manera de vivir esta etapa vital. Si logramos valorarla de manera realista y esperanzadora, también sabremos apreciar, reconocer el valor de nuestro proceso de envejecimiento.

Aunque se sabe que la vejez es la última etapa en el proceso vital de un individuo, es un concepto en cierto modo impreciso. Múltiples son las opiniones sobre la misma, desde las que contienen un carácter claramente pesimista, como la de aquellos que la catalogan como “un naufragio” o “una barca a la deriva”, hasta los que la ven con un exagerado optimismo cuando expresan: “Joven es aquel que lo quiera ser”. Incluso están los que la defnen desde una perspectiva neutral como “el estado en que se encuentra la persona de edad avanzada.”

Ahora bien, según algunos investigadores, para alcanzar una defnición objetiva de la vejez es indispensable partir de lo que ellos consideran los “tipos de edades” en el ser humano: la edad
biológica, la cual se relaciona con la capacidad de los sistemas vitales, cuya situación limita o prolonga el ciclo de vida; la edad psicológica, vinculada a la capacidad de adaptabilidad que un sujeto manifesta ante los distintos eventos que la vida puede depararle; y la edad social, que se refere a los roles y hábitos sociales que el sujeto es capaz de asumir. Edad, esta última, que es definida por el rol que un sujeto desempeña en la sociedad,donde se tiende a catalogar a la vejez como la “edad de la jubilación”.

En el pasado curso de “Biotecnología y adulto mayor” del Canal Educativo de la televisión cubana, la vejez es defnida como “una etapa del desarrollo del organismo que se caracteriza por la existencia de determinados cambios o modifcaciones que se han producido durante el proceso de envejecimiento y que en sí mismos expresan también la acción de envejecer”.

En mi opinión, las defniciones y visiones sobre qué es la vejez describen toda una relación de características que se pueden encontrar en esta etapa de adultez mayor, pero ninguna llegaría a ser defnitiva y completa; pues el anciano, como toda persona humana, es única, y única es su historia vital, lo que impide cualquier generalización de pretensión absoluta.

Aun así, aunque no soy tan presuntuoso de creer que puedo concebir una visión de la vejez que acepte la mayoría de ustedes, amigos lectores, me atrevo a compartir la visión que hoy me serena y satisface.

La vejez, la entiendo como un proceso, sin lugar a dudas, de disminución gradual de las capacidades físicas, psíquicas, de las relaciones y de experimentar las consecuencias de esa disminución.Pero a la vez, un tiempo para profundizar en el autoconocimiento, en nuestro crecimiento humano y espiritual; un tiempo de agradecimiento, aceptación, confanza y preparación para el esperanzado y defnitivo encuentro feliz con nuestro Señor Jesucristo.

Ora con la Palabra

 

Domingo 15 de septiembre: XXIV del Tiempo Ordinario

 

Lc 15,1-32

“...estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido encontrado”

Lunes: 1 Tim 2,1-8 / Sal 28 (27) / Lc 7,1-10

“...ni siquiera en Israel he hallado una fe tan grande”.

Martes:  1 Tim 3,1-13 / Sal 101 (100) / Lc 7,11-17

“...Es un gran profeta el que nos ha llegado”.

Miércoles:  1 Tim 3,14-16 / Sal 111 (110) / Lc 7,31-35

“...la reconocen en su manera de actuar”.

Jueves:  1 Tim 4,12-16 / Sal 111 (110) / Lc 7,36-50

“...Tu fe te ha salvado, vete en paz”.

Viernes:  1 Tim 6,2c-12 / Sal 49 (48) / Lc 8,1-13

“...ustedes tienen oídos para oír”.

Sábado: Ef 4,1-7.11-13 / Sal 19 (18) / Mt 9,9-13

“...Me gusta la misericordia más que las ofrendas”.

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